sábado, 7 de abril de 2012

Una vida de contrastes

Son demasiados los contrastes que veo y experimento en este viaje. Pasa una joven, totalmente cubierta por una burka negra, pero lleva en su brazo un bolso de “barbie". Es la tradición y el modernismo en el mismo sujeto. Paso por la calle central Sharm El Sheih y unos jóvenes con sus vestimentas típicas musulmanes hacen una coreografía mientras bailan la macarena. Lo propio y lo extraño juntos en la misma puesta en escena. Estamos frente al televisor viendo el partido del Barca contra Milan en una auténtica torre de Babel donde todos hablan en sus idiomas tan distintos y distantes, donde el arco iris racial se hace presente; pero todos gritan ante el gol de Messi y se abrazan sin conocerse, sintiéndose por un momento hermanos de la misma sangre (la de la emociones). Otra vez lo diferente y lo común. Veo ahora una pareja que se besa, la forman una oriental con un hombre de raza negra, mostrando que el amor salta toda barrera racial y mueve a los hombres a descubrirse iguales y dispuestos a construir juntos.

Ese es el mundo en el que vivimos, donde la palabra fusión tiene un lugar privilegiado. Eso somos, una suma de contrastes que nos enriquecen y nos hacen desbordar los cálculos milimétricos de los que quieren adivinarlo todo o clasificarnos en frías cifras y conceptos. Somos unos y otros, antiguos y modernos, propios y extraños. Somos así.

Pero tal vez el contraste que más me enfrenta a mi propia realidad y me hace de nuevo estremecer, es el de Jesús. Es el Mesías pero no de la manera esperada. Es el rey pero sus súbditos son libres. Es el que nos invita a amar a los que no nos aman. Es el que ama a los que todos rechazan. Es el que da vida, muriendo. Es el que nos ama dejándonos libres para que lo amemos o no. Me invita a tener vida, dándolo todo. Vengo a ver su tumba, a hacer lo contrario a lo que la gente va a ver a las tumbas, voy a ver que no hay nada allí. Vengo a encontrarme con el Dios humanado que está lejos de la pompa, el poder, el lujo y las otras manifestaciones que los hombres que se hacen dioses tienen y pregonan.

Ese contraste me cuestiona y me hace sentir que algo no está bien en la sociedad en la que vivo y en mí mismo. Definitivamente me deja claro que el camino, que creemos hoy, en nuestra sociedad, conduce a la felicidad es equivocado. Vamos en el sentido contrario. Los valores que hoy nos impulsan a vivir y trabajar no son los que nos llevan a la plenitud. Sí, ver a Jesús, encontrarme con todos los contrastes del mundo de hoy, sentir en cada pedazo de tierra de Jesrualén o de Cafarnaun que la invitación de Jesús es dar para ser feliz, es entregar para realizarnos, es pro-existir para vivir realizados, es amar sin medidas y sin intereses, es perdonar aunque la herida este ardiendo todavía, es amar sin confundir el deseo sexual como lo único posible en la relación afectiva con una pareja. En una Palabra, vivir con valores bien contrarios a los que hoy se imponen como modelos de vida. Eso es lo que celebramos hoy en la noche. Es lo que la comunidad eclesial quiere hacernos comprender con sus signos de fuego, palabra, agua y pan. Eso es lo que cantamos con fuerza cuando gritamos hoy que ha resucitado. Que la felicidad se consigue de otra manera, que no podemos ser felices si seguimos a juntadillas el manual egoísta, lambón, idolatra, materialista, facilista, utilitarista que el mundo nos propone.

Por ello te invito a ser contraste para todos. A decepcionarlos y a hacer lo que no esperan: amar cuando esperan odio, perdonar cuando esperan venganza, acoger cuando esperan rechazo, bendecir cuando esperan maldición, dar cuando esperan que pidas. Sé un contraste viviendo a la manera de Jesús en este mundo, y ten la certeza de que serás feliz. Esa es mi apuesta y la que te invito a vivir. Esa fue la apuesta del que terminó en la cruz, pero fue resucitado por el Padre Dios. Es un camino que exige tu decisión y tu compromiso. No es una imposición de nadie, ni mucho menos una orden que tienes que cumplir. Asumir este camino te llevará a sentirte raro, hasta distinto de la mayoría, sentirás su rechazo y su burla pero te hará ser feliz.

Hoy celebramos que se puede vivir de una forma distinta y que Dios así lo quiere. No tengas miedo ni a la cruz, ni al dolor, ten la certeza de que el saldrá fiador de nosotros (Isaías 49) y nos dará la felicidad que tanto estamos buscando.

Seguro que estas palabras que hoy escribo pueden sonar extrañas para ustedes; pero tengan la certeza que es lo que he descubierto como verdad en mi corazón y en mi mente. No quiero vivir de otra manera. Sin que pueda negar que la tentación es mucha y que algunas veces caigo en ella. Pero la tarea es ser un ser humano contraste a la gran mayoría de los que viven en nuestra sociedad hoy. ayoría de los que viven en nuestra sociedad hoy.

lunes, 2 de abril de 2012

REFLEXIONES DESDE EL DESIERTO

REFLEXIONES EXISTENCIALES EN EL DESIERTO

Cuando escribo estas reflexiones de los sábados estoy en la Isla de Elefantina, en la ciudad de ASWAN, la cuarta ciudad de Egipto después del Cairo, Alejandrina y Luxor; conocida por su famosa represa sobre el Nilo. Mientras que los peregrinos que me acompañan, en busca de la Tierra Santa, aprovechan motarse en Camello y conocer una nueva cultura, contemplo el contraste entre la duna del desierto: amarilla, estéril, sin vida, y la orilla de uno de los brazos del Rio Nilo, verde, fecunda y con mucha vida. El contraste es evidente. Son dos polos opuestos. En uno falta lo que está en el otro.

Me impresiono hasta llegar a pensar que así es nuestra vida, las dos situaciones al mismo tiempo: por momentos desértica y estéril y en otro llena de vida y fecunda. Por momentos ganas de decir no sigo adelante, ya esto terminó; pero en otros con ganas de tragarnos el mundo y pintarlo de todos los colores que hay que nuestros. Por momentos sintiendo que no somos nada; pero en otros creyendo que el mundo gira alrededor nuestro. Así vivimos. Así somos.

 No podemos negarnos a ninguno de los dos momentos, tenemos que aprender a conjugarlos y a vivirlos a plenitud en cada momento. Aprender a ser feliz implica entender y aceptar que caminamos por esas dos laderas existenciales y que debemos seguir adelante caminando hasta alcanzar la meta, la plenitud que soñamos. No quiero desear lo que no tengo, ni ser lo que no soy; más bien quiero amar lo que tengo y disfrutar lo que soy para alcanzar la plentitud y la excelencia que tanto requiero.

En ese momento un grito de algunos arabes de los que venden por allí, me baja del globo de mi reflexión y me deposita de nuevo en ese calor ardiente de esta isla, El sol es tan fuerte que me armo de mi sombrero vuelteao que me amarra al caribe -del que soy y no me quiero ir nunca, aunque viaje por tantos otros lugares del mundo.  

Subo a un camello y sigo hacia la aldea Nuvia, una cultura afro-árabe que lucha por sobrevivir. Mientras nos explican aspectos de su cultura, de su modo de vida, de sus métodos de aprendizajes, etc., pienso en la manera cómo usan los pocos recursos que tienen. Me detengo, mas exactamente,  en la manera cómo viven y usan los camellos: al poco tiempo que nace el camello le amarran las dos patas delanteras con una cabuya que le permita moverse pero no mucho y lo sueltan por el desierto. A los dos años los buscan, ya los encuentran crecidos y comienzan a usarlos como medio de transporte, de trabajo, de diversión... por lo menos entre 12 y 13 años, luego lo matan venden su carne o la consumen ellos, de las pieles hacen prendas de vestir y de los huesos utensilios domésticos o de adornos. Lo aprovecha súper bien a este animal. 

Podrás preguntarte ¿qué tiene que ver esa historia del camello con nosotros, que camellamos pero de otra manera? Es probable que nada, pero conocer esta manera de usar los pocos recursos que la naturaleza les da a estos seres humanos para sobrevivir me lleva a comprender que: mediocre no es aquel que no tiene recursos, sino quien no  aprovecha al máximo los  que tiene para realizar sus sueños. Mediocre es el que despilfarra todo lo que Dios le ha dado ya sea malbaratando todo o simplemente quedándose quietos sin hacer nada. 

 No puedo dejar de pensar en mi gente -y en mí- que seguro tenemos muchos más recursos  pero vivimos quejándonos de la vida y diciendo que no tenemos cómo salir adelante. Es probable que no tenga todo lo que creo necesitar pero seguro que en mi vida hay muchos recursos que me podrían hacer más feliz de lo que soy. Tal vez nos acostumbramos a desear lo de los otros, y por eso no descubrimos el potencial que hay en nuestro ser. O tal vez lo que sucede es que no hemos sido enseñados a valorar lo que poseemos y nos cuesta entender que tenemos muchas capacidades, talentos, posibilidades para construir una vida feliz. Si, es probable que hayamos aprendido a vivir mediocremente sin aprovechar todo lo que Dios nos ha dado y a culpar a otros de no poderlo hacer. También puede ser el conformismo de creer que ya todo está decidido y que nacimos para ser pobres. No sé, a ciencia cierta, que sea, pero sé  que no podemos seguir  viviendo así, hay que tomar la decisión de aprovechar la vida y todo lo que ella contiene, que hay que asumir actitudes que nos lleven a la realización de nuestros sueños sin miedo y usando, con inteligencia y sabiduría, todos los recursos que la naturaleza (y para mí, Dios nos ha dado). 

Es hora de dejar esa actitud mediocre de quejarnos, de esperar que las soluciones las traigan otros, o de soñar con un mundo perfecto que cae del cielo mientras dormimos. Es hora de dejar a un lado toda mediocridad y asumir una actitud diligente que nos lleve a valorar lo que tenemos y construir con ellos una vida  agradable, que valga la pena vivir. Es hora de ser hombres y mujeres competentes, capaces de alcanzar los que se proponen y de realizar sus proyectos venciendo todo tipo de dificultades y adversidades. No dejes que la mediocridad se apodere de tu corazón, hoy tienes la posibilidad de asumir una actitud totalmente nueva y ser feliz.

REFLEXIONES DESDE EL DESIERTO

REFLEXIONES EXISTENCIALES EN EL DESIERTO

Cuando escribo estas reflexiones de los sábados estoy en la Isla de Elefantina, en la ciudad de ASWAN, la cuarta ciudad de Egipto después del Cairo, Alejandrina y Luxor; conocida por su famosa represa sobre el Nilo. Mientras que los peregrinos que me acompañan, en busca de la Tierra Santa, aprovechan motarse en Camello y conocer una nueva cultura, contemplo el contraste entre la duna del desierto: amarilla, estéril, sin vida, y la orilla de uno de los brazos del Rio Nilo, verde, fecunda y con mucha vida. El contraste es evidente. Son dos polos opuestos. En uno falta lo que está en el otro.

Me impresiono hasta llegar a pensar que así es nuestra vida, las dos situaciones al mismo tiempo: por momentos desértica y estéril y en otro llena de vida y fecunda. Por momentos ganas de decir no sigo adelante, ya esto terminó; pero en otros con ganas de tragarnos el mundo y pintarlo de todos los colores que hay que nuestros. Por momentos sintiendo que no somos nada; pero en otros creyendo que el mundo gira alrededor nuestro. Así vivimos. Así somos.

 No podemos negarnos a ninguno de los dos momentos, tenemos que aprender a conjugarlos y a vivirlos a plenitud en cada momento. Aprender a ser feliz implica entender y aceptar que caminamos por esas dos laderas existenciales y que debemos seguir adelante caminando hasta alcanzar la meta, la plenitud que soñamos. No quiero desear lo que no tengo, ni ser lo que no soy; más bien quiero amar lo que tengo y disfrutar lo que soy para alcanzar la plentitud y la excelencia que tanto requiero.

En ese momento un grito de algunos arabes de los que venden por allí, me baja del globo de mi reflexión y me deposita de nuevo en ese calor ardiente de esta isla, El sol es tan fuerte que me armo de mi sombrero vuelteao que me amarra al caribe -del que soy y no me quiero ir nunca, aunque viaje por tantos otros lugares del mundo.  

Subo a un camello y sigo hacia la aldea Nuvia, una cultura afro-árabe que lucha por sobrevivir. Mientras nos explican aspectos de su cultura, de su modo de vida, de sus métodos de aprendizajes, etc., pienso en la manera cómo usan los pocos recursos que tienen. Me detengo, mas exactamente,  en la manera cómo viven y usan los camellos: al poco tiempo que nace el camello le amarran las dos patas delanteras con una cabuya que le permita moverse pero no mucho y lo sueltan por el desierto. A los dos años los buscan, ya los encuentran crecidos y comienzan a usarlos como medio de transporte, de trabajo, de diversión... por lo menos entre 12 y 13 años, luego lo matan venden su carne o la consumen ellos, de las pieles hacen prendas de vestir y de los huesos utensilios domésticos o de adornos. Lo aprovecha súper bien a este animal. 

Podrás preguntarte ¿qué tiene que ver esa historia del camello con nosotros, que camellamos pero de otra manera? Es probable que nada, pero conocer esta manera de usar los pocos recursos que la naturaleza les da a estos seres humanos para sobrevivir me lleva a comprender que: mediocre no es aquel que no tiene recursos, sino quien no  aprovecha al máximo los  que tiene para realizar sus sueños. Mediocre es el que despilfarra todo lo que Dios le ha dado ya sea malbaratando todo o simplemente quedándose quietos sin hacer nada. 

 No puedo dejar de pensar en mi gente -y en mí- que seguro tenemos muchos más recursos  pero vivimos quejándonos de la vida y diciendo que no tenemos cómo salir adelante. Es probable que no tenga todo lo que creo necesitar pero seguro que en mi vida hay muchos recursos que me podrían hacer más feliz de lo que soy. Tal vez nos acostumbramos a desear lo de los otros, y por eso no descubrimos el potencial que hay en nuestro ser. O tal vez lo que sucede es que no hemos sido enseñados a valorar lo que poseemos y nos cuesta entender que tenemos muchas capacidades, talentos, posibilidades para construir una vida feliz. Si, es probable que hayamos aprendido a vivir mediocremente sin aprovechar todo lo que Dios nos ha dado y a culpar a otros de no poderlo hacer. También puede ser el conformismo de creer que ya todo está decidido y que nacimos para ser pobres. No sé, a ciencia cierta, que sea, pero sé  que no podemos seguir  viviendo así, hay que tomar la decisión de aprovechar la vida y todo lo que ella contiene, que hay que asumir actitudes que nos lleven a la realización de nuestros sueños sin miedo y usando, con inteligencia y sabiduría, todos los recursos que la naturaleza (y para mí, Dios nos ha dado). 

Es hora de dejar esa actitud mediocre de quejarnos, de esperar que las soluciones las traigan otros, o de soñar con un mundo perfecto que cae del cielo mientras dormimos. Es hora de dejar a un lado toda mediocridad y asumir una actitud diligente que nos lleve a valorar lo que tenemos y construir con ellos una vida  agradable, que valga la pena vivir. Es hora de ser hombres y mujeres competentes, capaces de alcanzar los que se proponen y de realizar sus proyectos venciendo todo tipo de dificultades y adversidades. No dejes que la mediocridad se apodere de tu corazón, hoy tienes la posibilidad de asumir una actitud totalmente nueva y ser feliz.

lunes, 19 de marzo de 2012

Ten animo y sé valiente

Es muy normal que las dificultades y los problemas nos hagan creer que no podemos seguir adelante, que lo mejor es abandonar la lucha y darnos por vencidos. Tienen las adversidades -sobretodo cuando son grandes- el poder de hacernos sentir incapaces y deprimirnos. Nos quita la esperanza y nos hace suponer que no hay razones para continuar. Allí es donde nuestra fe en Jesús -tan valiosa e importante siempre- se tiene que hacer notar. Nosotros los que creemos no podemos darnos por vencidos en ninguna situación. Nosotros no hemos nacidos para fracasar ni para ser derrotados. Nosotros no hemos sido creados para el sufrimiento o el dolor. Hemos sido creados para la felicidad. Cristo se ha entregado por nosotros, en la cruz, para que tengamos vida y vida en abundancia (Juan 10,10). Eso no lo podemos olvidar y lo tenemos que tener presente en momentos duros de nuestra vida.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él." (Juan 3,16-17). Si, a ti que en este momento estás triste o desanimado te tengo qu e invitar a volver a leer este texto y a darte cuenta de varias cosas:

1. El amor extremo de Dios Padre por Ti. Dios te ama hasta el extremo. Nunca te va a dejar de amar. Su amor es para siempre (Romanos 8,28-37)Eso es lo que El siente por Ti. Y ese amor es la fuente de bendición, de felicidad, de gozo para ti. Tienes que sentirte amado siempre. No dejes que nadie te haga sentir rechazado o olvidado, porque Dios te ama y quiere que seas feliz. No olvides aunque todos los que te amen se olviden de Ti, Dios nunca se olvidará de ti (Isaías 49,15).

2. No hemos sido creados para ser condenados. No tenemos miedo al fin, ni nos asustamos frente a ninguna profecía de destrucción, ni vivimos pendientes de si el mundo se va a acabar o no. Nosotros hemos sido creados para la salvación, y por eso tenemos esperanza y todos los días celebramos la esperanza de estar vivos. Confiamos en el amor de Dios para seguir adelante.

3.Cristo se ha entregado por nuestra felicidad. El pecado no tiene poder sobre nosotros. El miedo no tiene poder sobre nosotros. No estamos a merced del destino o de la suerte, hemos sido salvados y en eso creemos. Por eso hoy nos animamos al mirar la cruz y sentir que en ella está nuestra salvación (Juan 3,14-15). Mirando a Cristo levantado tenemos salvación, porque creemos en El.

4. Estamos confiados en el amor de Dios y no vamos a dejar que nada nos quite las ganas de seguir luchando y de seguir adelante. Vamos a dar la batalla, porque esa batalla, en el nombre de Dios, está ganada. De eso estamos seguros. Dios está a nuestro lado y en este momento nos está bendiciendo. Siente la bendición de Dios que te empuja hacia adelante y te hace confiar y creer. Lucha que eres de Dios.

Hoy le pido al Señor que te haga feliz, que quite de ti todos esos sentimientos de tristeza y de miedo, y te llene de su poder y de su alegría. Animo. Dios está actuando en tu ser.

para que termines de orar te invito a ver este momento de oración, con la primera canción que Dios me permitió componerle: http://www.youtube.com/watch?v=s469j8Z-DWw
o escucha esta canción: http://www.youtube.com/watch?v=59yT6RMlggA

miércoles, 14 de marzo de 2012

“No Mendigues Amor”

Una reflexión que necesitamos leer una y otra vez, ya que nos hemos acostumbrado a relaciones generoso-mendigo, amo-esclavo, señor-servidor. Lo cual no es posible en una relación afectiva que quiera llenar de felicidad a los que la vivan.

Estoy seguro que no debemos ser mendigos de amor, por ello he continuado con la investigación sobre este tema y ahora estoy preparando un manual de funciones para no mendigar amor. Estoy convencido que cada uno de nosotros puede ser protagonista de su vida y puede llevar las riendas de su proyecto existencial. Estoy claro en que cada uno de nosotros tiene en su corazón, en su mente, en su ser todo lo que requiere para realizar con éxito cada una de las tareas que tiene. No acepto ninguna mendicidad. Creo que existimos para ser dueños de nuestra vida y no para suplicarle nada a nadie. No me gusta la esclavitud. Me rebelo contra cualquiera esclavitud. Dolorosamente entre nosotros, y tal vez por el espíritu consumista de la sociedad en la que vivimos, cada día en se buscan establecer distintas esclavitudes disfrazadas de hobbies, de modas, de nuevas tendencias. Una de ellas es la dependencia emocional. Si, nuestra sociedad nos enseña a “mendigar cariño” tal vez porque sabe que en la medida que menos seguros nos sintamos de nosotros mismos y necesitemos de las “migajas” de los otros somos más compradores.
Hoy quiero advertirte sobre expresiones que dicen personas que son importantes afectivamente para nosotros y que son sospechosas de que en el corazón de esa persona se puede esconder la intención implicita o explicita de dominarnos, someternos y tratarnos como sus mendigos. Ponte alerta ante expresiones cómo:
“¿Qué harías sin mí?”: No sé tú pero yo tengo que decir que si alguien está pensando que me muero si me deja o no me pone bolas está equivocado, porque pase lo que pase seré feliz y saldré adelante en la realización de mi proyecto de vida. Nadie es tan indispensable en mi vida como para que está no tenga sentido sin él.
“No sirves para nada”: No se le puede aceptar a nadie que lo trate a uno en estos términos. Es cierto que podemos fallar y equivocarnos pero jamás somos inservibles. Siempre tenemos mucho por hacer y lo podemos realizar.
“Estamos así por tu culpa”: las relaciones son de dos y somos los dos los responsables de lo que estamos viviendo, no permitas que nadie te haga cargar con sus propias culpas. Todos tenemos que aceptar que fallamos pero no podemos creer que somos los causantes de todas las desgracias de la relación.
“Eso hay que hacerlo bien, mejor lo hago yo”: ¡Ja! ¡Que tal! Que hiper-autoestima la de al persona que te dice eso, pero que desconocimiento de todas las cualidades que hay en tu corazón. Esa que dice eso no te conoce verdaderamente.
“No sé por qué estoy contigo”: Bueno, lo seguro es que tienen que haber muchas razones. No me vas a hacer creer que es porque no tengo nada que ofrecerte. Si la idea es hacerme sentir poca cosa tendrás que saber que confío en mi y en mis cualidades.
“Yo me merezco algo mejor que tú”: Sal a buscarlo. Y lamento decirte que no lo vas a encontrar porque soy único e irrepetible. Que nadie te haga creer que te está haciendo el favor de amarte y de estar contigo.
“Cuando será el día que hagas las cosas como yo”. Nunca. Porque soy auténtico, tengo mis propias maneras de ser, de entender y de hacer.
Ten pendiente estas expresiones quien las dice está tratando de hacerte creer que sin él o ella no puedes vivir y eso no es cierto: tú estás creado para ser feliz, eres dueño de ti mismo y estás llamado a ser protagonista de tu propia vida.

jueves, 8 de marzo de 2012

Aprendiendo a comunicarnos

De Ronald Regan se dice: “Fue un gran ejecutivo porque poseía una clara visión, hacía decisiones fácilmente, y delegaba con mucha efectividad pero fue un gran líder debido a su habilidad sobrenatural de comunicarse”. Quien quiera tener éxito en sus relaciones sociales necesitas una gran habilidad de comunicarse. En una sociedad marcada por el estar conectado no se puede pretender triunfar sin hacer un constante esfuerzo por revisar sino nos estamos comunicando bien.

Cuántas veces hemos escuchado decir: Ese profesor sabe mucho, pero no lo sabe comunicar, lo que hace que su evaluación no sea la mejor. Aún más, muchas veces nos dañamos negocios, alianzas y perdemos oportunidades por no sabernos comunicar. John Maxwell, en su libro las 21 cualidades indispensables de un líder, plantea las siguientes verdades básicas para la comunicación:

• Simplifica tu mensaje: La comunicación no es sólo lo que se dice, sino cómo se dice. Olvídate de impresionar a la gente. Muchas veces por intentar aparecer como una persona que sabe mucho, nos enredamos y terminamos comunicándonos mal. Otra veces lo que hacemos es tener una actitud muy barroca y llenamos de tantos matices y adornos las frases y los textos que terminan siendo realmente inteligibles. Si quieres que te comprendan, sé sencillo y claro en lo que quieres comunicar. No exageres, ni creas que entre más enredado, más fama de “sabio” vas a tener.
• Mira a la persona: Los buenos comunicadores se concentran en las personas con las que se están comunicando. Nada más aburrido y desmotivador que alguien que está tratándose de comunicar con uno y está concentrado en todo menos en uno. Todos queremos ser atendidos y entre más importantes nos sintamos con el otro; más abiertos estaremos a su mensaje. Pregúntate esto: ¿Quién es mi audiencia? ¿Cuáles son sus preguntas? ¿ Cuáles son las necesidades a suplir? ¿cuánto tiempo tengo para hablarles?
• Muestra la verdad: La credibilidad precede a la gran comunicación. Para ser creíble, cree primero en lo que dices y vívelo. Nadie puede impactar a otro si antes no está impactado por el mensaje que quiere comunicar. Además debemos tener claro que la coherencia da credibilidad. Por ello hay que tener claro que debo creer en lo que digo y a la vez debo vivirlo, o por lo menos que sepan que lo estoy intentando.
• Busca una respuesta: Recuerda que el objetivo de la comunicación es la acción. Por tanto al hablar dales algo que sentir, algo que recordar y algo que hacer.

Te pregunto: ¿Cómo evalúas tu capacidad de comunicarte con otros? ¿Es la comunicación una prioridad para ti? ¿Puedes inspirar y motiva a otros? ¿expresas tu visión de tal manera que gente sea campas de entenderla, asimilarla e implementarla? Cuando hablas una a una con las personas ¿eres capaz de establecer un vínculo con ellos?

Hay que atender no sólo lo que digo, sino cómo lo digo. Es necesario darse cuenta si se cumplen las características de un mensaje asertivo: decir la verdad, en el lugar adecuado, a las personas adecuadas, en el momento adecuado, con las palabras adecuadas y con los sentimientos adecuados.

Un hombre iba a hablar por primera vez en público y le pidió un consejo a su mentor que le respondió: “Escribe una apertura estimulante que pueda cautivar a todos en la audiencia. Después escribe un resumen y una conclusión dramáticos que haga que la gente desee actuar. Después pónlos tan juntos como sea posible”

viernes, 2 de marzo de 2012

Dueño de mí

Entre las realidades auténticamente humanas ocupa un lugar importante el ser dueño de mí, dueño de mis opciones, de mis emociones, de mis pensamientos, dueño para decidir qué hago con mi vida, qué sentido le doy, qué acepto y qué rechazo. Y ser dueño implica asumir las responsabilidades de lo que soy y de lo que hago con esta vida mía. En este sentido, no puedo estar echándole la culpa a terceros por aquello que pasa en mi ser. No está bien convertirme en uno que explica todo lo que le pasa a través de las decisiones de otros y no las propias. No resulta conveniente el asumir que soy dueño de mi vida para tomar decisiones, pero no soy igual de dueño para responder por las consecuencias de mis decisiones.

Así como soy el dueño de mi vida -en la libertad que me fue dada como un don- y nadie puede optar por mí, sino que eso es algo que me corresponde, del mismo modo tampoco nadie tendrá que asumir las consecuencias de mis opciones. Como soy libre, también soy responsable. Y para que pueda ser feliz en libertad, siendo dueño de mí, debo estar por encima de apegos. Los apegos me restan libertad, y también me terminan haciendo esclavo suyo. Un cantante sabio decía “terminamos siendo esclavos de aquello que conquistamos”. El dueño del tesoro termina viviendo para cuidarlo y su vida se reduce a eso. Ese apego de algo, aparentemente bueno, agradable, deseable, nos resta vida, verdadera vida.

Entre más apegos tenemos, más vamos necesitando de ellos. Por eso uno ve gente que ya no es feliz, que no podría serlo, si le quitan el internet, el teléfono celular, la televisión, la ropa de marca, la rumba, etc. Y entre más falsas necesidades tiene, más cosas necesita. Es un círculo vicioso en el que muchos caemos. La sociedad nos va construyendo para que seamos consumidores. Y consumimos lo que nos dicen que hay que consumir. Para ser gente, ahora necesitamos más cosas, valorarnos a través de ellas, darle sentido a lo que somos desde nuestras pertenencias. Y ya no somos señores de las necesidades que tenemos y del modo cómo las satisfacemos; sino que estamos a la deriva de lo que manden los mercados, de lo que digan, lo que propongan, lo que ordenen.

Así vamos como veletas, dejando que alguien distinto ocupe el liderazgo de mi proyecto de vida. Y cada vez que nos venden algo nuevo, yo debo tenerlo; porque si no lo tengo valgo menos, soy menos capaz, no alcanzo a validarme. Y, firmemente, creo que para ser felices, además de ser dueños de nosotros, de estar libres de apegos y de ser señores de nuestras necesidades, es urgente que seamos líderes de nuestro proyecto de vida. Que dictemos el rumbo de nuestros pasos. Que ordenemos los recursos con los que contamos. Que proyectemos cómo superar las dificultades que se nos ponen en frente tomando decisiones basadas en análisis inteligentes de las situaciones y en proyecciones válidas de nuestras acciones. Ser líder de mí mismo implica una actitud atenta frente a lo que pasa, despierta, viva. Un líder no deja a otros su trabajo, ni espera que las cosas se solucionen solas.

Por último, para vivir felices de verdad es fundamental reconocer que soy digno, que merezco ser amado. No para vivir mendigando amor, ni para rogarle a otros que me quieran; sino por el contrario para descubrir que nuestro valor es algo que vive en nosotros y que quien lo descubre lo aprecia. Quien decide amarme lo hace, no puedo influir en esa decisión; ni la de aquel que decide dejar de hacerlo. Lo que sí puedo es responder al amor, del mismo modo que ser fiel a mi propio valor para que éste genere un tipo de relación conmigo. Quien se ama no acepta relaciones que irrespeten su amor, ni busca irrespetar el amor de los otros. Alguien sano y feliz, comprende y asume que su vida es un acto de amor libre y libremente lo vive.