Me preocupa cuando algunos le hacen creer a las personas que si no son sanadas es porque no tienen fe o cuando otros siguen haciendo enfásis en la relación pecado enfermedad, esto es, si estás enfermo es porque tienes un pecado. Ambas posiciones no se comparecen del Dios que nos ha revelado Jesus en el Nuevo Testamento.
Tenemos que tener claro que los milagros son signos de la presencia del Reino. No son necesariamente demostraciones de fe ni garantizadores de una buena relación con Dios. Es más tengo que decir que los milagros no siempre producen fe. Si fuera así, todos se hubiera convertidos con la predicación y los milagros de Jesús. Mucha gente va a las "sesiones de milagros" a ver un espectáculo y vuelve igual a su casa. Eso si con su curiosidad satisfecha. La espiritualidad fundada en los milagros garantiza que mucha gente va a ir a ver y a estar pero no garantiza que sean muchos los corazones que se abra para iniciar un proceso de vida comprometido con el Señor.
También hay que decir que la no aparición de milagros no garantiza fe. Esto es, creo que las dificultades, los problemas, las enfermedades tienen su sentido en nuestra existencia y no siempre la acción de Dios tiene que ser quitarlas. Jesús le pide en Gatsemaní una acción poderosa a su Padre que quite el Caliz que ha de tomar, pero no oliga a su Padre a que lo haga, le dice que se Haga tu Voluntad. Igual tenemos que hacer nosotros orar por sanación pero sabiendo siempre que se hace la Voluntad de Dios y no la nuestra. Dios no está obligado a hacer lo que a nosotros se nos ocurra, que tal Dios prisionero de nuestros caprichos.
Lo importante no es si hay o no hay milagros en nuestra vida. Lo importante es que Jesús esté en nuestro corazón, que El sea el Dueño de nuestra vida y que sea el rey de nuestra existencia. Lo importante es entender es que el es el Cordero degollado puesto de pie que puede abrir el libro sellado (Apocalipsis 5,1-10) esto es, que sabiendo que El es el que da sentido a la vida, que El es la fuente de la felicidad y es el Señor nuestro.
Te invito a buscarlo a El no a los milagros. Te invito a amarlo con todas tus fuerzas y todo tu corazón para que El sea quien gobierne toda tu existencia. No dejes que la espiritualidad de Hollywood se aparque en tu corazón. Tú tienes que amarlo y vivir para El.
Te bendigo y te deseo lo mejor. Son muy importantes sus comentarios porque podemos interactuar. Animo.
viernes, 26 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
Limitados pero no incapacitados
Me encanta “Bartimeo” y el proceso de sanación que se da en su vida, a partir del encuentro con Jesús de Nazareth (Marcos 10,46-52). Él un ciego, mendigo y achantado a la orilla del camino, escucha que viene Jesús y solicita misericordia. La obtiene por la constante disposición de Jesús de ayudar al necesitado. Muchas veces he comentado este relato con ustedes; pero hoy quiero centrarme en algo que me parece fundamental, tanto para la comprensión del relato, como para nuestra propia vida:
Bartimeo es ciego; pero su ceguera no le impide saber que Jesús está pasando por su vida. El tener una “incapacidad” no le incapacita para encontrarse con el Señor y dejar que lo sane. Es ciego pero no sordo. Tiene una limitación, pero también otras virtudes y posibilidades que son los propulsores de su proyecto de vida. Es alguien capaz de superar su limitación. No se queda en ella, sino que busca superarla. Sabe que esa es una buena oportunidad para “realizarse” y no va a dejarla escapar, está decidido y seguro de que nada se lo impedirá, ni sus propias deficiencias. Estoy pensando en aquellas personas que tienen una limitación y han dejado de luchar, de tratar de realizar sus sueños convirtiéndose en auténticas “víctimas” de su propia decisión. Pienso en aquellos que todavía viven atados a experiencias del ayer que los dañaron pero que ya no están y deben ser superadas; o en aquellos que se han dejado enfermar tanto que están convencidos de que no pueden salir adelante y han de resignarse a estar así.
No podemos volver el mendigar la manera de vivir. No hemos nacidos para ser esclavos, ni para estar tirados en el piso mendigando. Somos seres creados para vivir a Imagen y Semejanza de Dios. Creados para ser libres y dueños de nuestro destino. Creados para no dejarnos amilanar por las dificultades que se encuentran. No por ciego hay que ser mendigo. La misericordia que encuentra Bartimeo en Jesús es la de volverlo consciente de que puede hacer camino, que se debe levantar y salir a luchar, que no hay que resignarse a pedir limosna a la vera del camino sino que puede abrir su corazón, recibir el amor de Dios y ser sano mientras hace camino tras del Maestro.
Qué tristeza cuando me encuentro con hermanos que han vuelto su “incapacidad” la mejor de las excusas para no luchar más y hacerse auténticos parásitos de la vida. A veces la religión ayuda a que muchos se escondan tras de sus límites para no superarse; no faltan los predicadores que vuelven dependientes a sus “ovejas” –palabra que no me gusta porque tiene un sentido muy pasivo para el mundo de hoy- y no les invitan a ir más allá de sus límites para encontrarle sentido a sus vidas.
Sin duda éste ir más allá, es ir donde Jesús, que desde siempre, con su amor, nos está retando a dar lo mejor de nosotros. Su misericordia se expresa en un impulso para conquistar lo que deseamos. Sé que para muchos lo mejor es tener un ídolo en torno al cual arrodillarse o al que entregarle todo lo que se gana, esperando que él resuelva todo; pero esa no es la experiencia de Dios que Jesús nos ha revelado, la que nos invita a valernos por nosotros mismos, a preguntarnos, a buscar respuestas y, sobre todo, a no dejar que los límites de nuestra condición nos cercenen oportunidades.
Estoy seguro de que el primer paso es reconocer que se tiene una limitación; pero, al mismo tiempo, poder captar que esa limitación no tiene por qué quitarnos el sentido de la vida y obligarnos a ser “seres de segunda” que nada pueden hacer. Todos tenemos que trascender los límites de nuestras propias incapacidades y abrirnos a la oportunidad que nos da la vida. Es fácil creerse derrotado y recoger las banderas porque todo está perdido. Pero eso no es lo que quiere Dios de nosotros, ni lo que nos conviene hacer. Nosotros estamos invitados a ser luchadores, guerreros, que no se dejan amilanar por sus propias incapacidades.
Estoy seguro de que la sanación de Bartimeo arranca en el mismo instante que es capaz de percibir que Jesús va pasando cerca. En el momento en el que decide pedir ayuda, no quedarse para siempre mendigando. Entonces comienza su proceso de sanación. El hombre se sana cuando decide hacerlo, cuando todas sus fuerzas están en función de ese objetivo. No es una cuestión mágica sino una experiencia existencial de toma de conciencia de quién se es y de todo lo que se puede hacer.
P. Alberto Linero Gómez, Eudista
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Bartimeo es ciego; pero su ceguera no le impide saber que Jesús está pasando por su vida. El tener una “incapacidad” no le incapacita para encontrarse con el Señor y dejar que lo sane. Es ciego pero no sordo. Tiene una limitación, pero también otras virtudes y posibilidades que son los propulsores de su proyecto de vida. Es alguien capaz de superar su limitación. No se queda en ella, sino que busca superarla. Sabe que esa es una buena oportunidad para “realizarse” y no va a dejarla escapar, está decidido y seguro de que nada se lo impedirá, ni sus propias deficiencias. Estoy pensando en aquellas personas que tienen una limitación y han dejado de luchar, de tratar de realizar sus sueños convirtiéndose en auténticas “víctimas” de su propia decisión. Pienso en aquellos que todavía viven atados a experiencias del ayer que los dañaron pero que ya no están y deben ser superadas; o en aquellos que se han dejado enfermar tanto que están convencidos de que no pueden salir adelante y han de resignarse a estar así.
No podemos volver el mendigar la manera de vivir. No hemos nacidos para ser esclavos, ni para estar tirados en el piso mendigando. Somos seres creados para vivir a Imagen y Semejanza de Dios. Creados para ser libres y dueños de nuestro destino. Creados para no dejarnos amilanar por las dificultades que se encuentran. No por ciego hay que ser mendigo. La misericordia que encuentra Bartimeo en Jesús es la de volverlo consciente de que puede hacer camino, que se debe levantar y salir a luchar, que no hay que resignarse a pedir limosna a la vera del camino sino que puede abrir su corazón, recibir el amor de Dios y ser sano mientras hace camino tras del Maestro.
Qué tristeza cuando me encuentro con hermanos que han vuelto su “incapacidad” la mejor de las excusas para no luchar más y hacerse auténticos parásitos de la vida. A veces la religión ayuda a que muchos se escondan tras de sus límites para no superarse; no faltan los predicadores que vuelven dependientes a sus “ovejas” –palabra que no me gusta porque tiene un sentido muy pasivo para el mundo de hoy- y no les invitan a ir más allá de sus límites para encontrarle sentido a sus vidas.
Sin duda éste ir más allá, es ir donde Jesús, que desde siempre, con su amor, nos está retando a dar lo mejor de nosotros. Su misericordia se expresa en un impulso para conquistar lo que deseamos. Sé que para muchos lo mejor es tener un ídolo en torno al cual arrodillarse o al que entregarle todo lo que se gana, esperando que él resuelva todo; pero esa no es la experiencia de Dios que Jesús nos ha revelado, la que nos invita a valernos por nosotros mismos, a preguntarnos, a buscar respuestas y, sobre todo, a no dejar que los límites de nuestra condición nos cercenen oportunidades.
Estoy seguro de que el primer paso es reconocer que se tiene una limitación; pero, al mismo tiempo, poder captar que esa limitación no tiene por qué quitarnos el sentido de la vida y obligarnos a ser “seres de segunda” que nada pueden hacer. Todos tenemos que trascender los límites de nuestras propias incapacidades y abrirnos a la oportunidad que nos da la vida. Es fácil creerse derrotado y recoger las banderas porque todo está perdido. Pero eso no es lo que quiere Dios de nosotros, ni lo que nos conviene hacer. Nosotros estamos invitados a ser luchadores, guerreros, que no se dejan amilanar por sus propias incapacidades.
Estoy seguro de que la sanación de Bartimeo arranca en el mismo instante que es capaz de percibir que Jesús va pasando cerca. En el momento en el que decide pedir ayuda, no quedarse para siempre mendigando. Entonces comienza su proceso de sanación. El hombre se sana cuando decide hacerlo, cuando todas sus fuerzas están en función de ese objetivo. No es una cuestión mágica sino una experiencia existencial de toma de conciencia de quién se es y de todo lo que se puede hacer.
P. Alberto Linero Gómez, Eudista
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Minuto de Dios
martes, 2 de noviembre de 2010
Fortaleza de tu corazón
No sé si han tenido la sensación, que he sentido frente algunos problemas, de que definitivamente mis fuerzas y capacidades son muy pequeñas para el volumen de dificultades que contiene esa situación. Son los momentos en los que nos decimos: “no voy a poder resolverlo, es demasiado fuerte y grande para mí”. Pablo de Tarso era consciente de esta sensación que experimentamos los seres humanos en situaciones límites y por eso cuando le escribe a la Comunidad de Corinto les dice: “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden confiar en Dios que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla” (1Corintios 10,13). Estoy convencido de esta Palabra. Lo he experimentado en mi vida. Por muy duro que sea el problema siempre se sale adelante, vencedor. Quiero que nos detengamos en tres énfasis:
1. Entiendo la “prueba” como la dificultad que pone en jaque nuestra fe, el sentido de nuestra vida y aún nuestras capacidades. No se trata de pruebas puestas por Dios para saber si le amamos o no, eso es propio de seres inseguros que no confían en la declaración del otro. ¿Acaso Dios no conoce el corazón humano? Entonces no tiene que probarnos, pues sabe quiénes somos y qué pensamos de Él. Por eso el sentido más bien es de tentación. Hay problemas que nos tientan porque nos hacen creer que somos incapaces y pensar en que es mejor no vivir.
2. Las “pruebas son soportables. Es una declaración que si entendemos nos puede generar mucha paz. Ninguno de nuestros problemas es más grande que la fuerza y la capacidad que Dios nos ha dado. Por muy duro, difícil, complicado, que parezca la situación, podemos soportarla y vencerla. Eso es tener fe. Estar seguro que si Dios nos ama, no va a permitir que seamos tentados más allá de nuestra fuerza. ¿Entonces por qué caemos o por qué somos derrotados? La respuesta es: porque no creemos, ni en nuestras fuerzas, ni en el amor de Dios. Cuando dejas que la situación te desespere tanto hasta perder el control, es porque no confías en que estás capacitado para manejarla; pero aún peor, es porque se te ha olvidado que Dios te ama y no va a permitir que seas derrotado por una situación. Dios es fiel. Eso no podemos olvidarlo.
3. El verbo soportar, aguantar, que se usa en el lenguaje de la Biblia (La palabra griega hypomeno: de meno= permanecer en un lugar; aguantar, permanecer firme ante la oposición; perseverar, durar) nos indica mantenernos firmes frente a la oposición que se nos está haciendo. Se trata de perseverar. La hypomeno es una perseverancia cargada de coraje. A diferencia de la paciencia, tiene el significado activo de una resistencia enérgica, aunque no necesariamente exitosa, por ejemplo, al soportar los heridos el dolor, al aceptar con serenidad los golpes del destino, el heroísmo de cara al castigo corporal, o el firme rechazo del soborno. La verdadera hypomeno no es motivada desde el exterior, ya sea por la opinión pública o por la recompensa, sino desde el interior, por el amor a Jesucristo el Señor. En el Nuevo Testamento se presenta como un “don” del Espíritu Santo (Gálatas 5,23). Por eso debemos hacer cada vez más íntima e intensa la relación con Jesús, El Señor. En la medida que lo amas y te compenetras más con Él tendrás más capacidad de aguante y resistencia.
Estos tres énfasis deben ayudarnos a estar serenos frente a cada una de las dificultades y problemas que tenemos. Es allí donde la fe se tiene que notar. Es en esos momentos tienes que mostrar que eres uno de los que cree en la Resurrección del Señor, y que sabe que las promesas de Dios se cumplirán. No te puedes angustiar hasta el extremo de enfermarte o perder el control de todo. Muéstrate como alguien que sabe que saldrá adelante de todas las dificultades y tendrás la perseverancia suficiente para no caer.
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1. Entiendo la “prueba” como la dificultad que pone en jaque nuestra fe, el sentido de nuestra vida y aún nuestras capacidades. No se trata de pruebas puestas por Dios para saber si le amamos o no, eso es propio de seres inseguros que no confían en la declaración del otro. ¿Acaso Dios no conoce el corazón humano? Entonces no tiene que probarnos, pues sabe quiénes somos y qué pensamos de Él. Por eso el sentido más bien es de tentación. Hay problemas que nos tientan porque nos hacen creer que somos incapaces y pensar en que es mejor no vivir.
2. Las “pruebas son soportables. Es una declaración que si entendemos nos puede generar mucha paz. Ninguno de nuestros problemas es más grande que la fuerza y la capacidad que Dios nos ha dado. Por muy duro, difícil, complicado, que parezca la situación, podemos soportarla y vencerla. Eso es tener fe. Estar seguro que si Dios nos ama, no va a permitir que seamos tentados más allá de nuestra fuerza. ¿Entonces por qué caemos o por qué somos derrotados? La respuesta es: porque no creemos, ni en nuestras fuerzas, ni en el amor de Dios. Cuando dejas que la situación te desespere tanto hasta perder el control, es porque no confías en que estás capacitado para manejarla; pero aún peor, es porque se te ha olvidado que Dios te ama y no va a permitir que seas derrotado por una situación. Dios es fiel. Eso no podemos olvidarlo.
3. El verbo soportar, aguantar, que se usa en el lenguaje de la Biblia (La palabra griega hypomeno: de meno= permanecer en un lugar; aguantar, permanecer firme ante la oposición; perseverar, durar) nos indica mantenernos firmes frente a la oposición que se nos está haciendo. Se trata de perseverar. La hypomeno es una perseverancia cargada de coraje. A diferencia de la paciencia, tiene el significado activo de una resistencia enérgica, aunque no necesariamente exitosa, por ejemplo, al soportar los heridos el dolor, al aceptar con serenidad los golpes del destino, el heroísmo de cara al castigo corporal, o el firme rechazo del soborno. La verdadera hypomeno no es motivada desde el exterior, ya sea por la opinión pública o por la recompensa, sino desde el interior, por el amor a Jesucristo el Señor. En el Nuevo Testamento se presenta como un “don” del Espíritu Santo (Gálatas 5,23). Por eso debemos hacer cada vez más íntima e intensa la relación con Jesús, El Señor. En la medida que lo amas y te compenetras más con Él tendrás más capacidad de aguante y resistencia.
Estos tres énfasis deben ayudarnos a estar serenos frente a cada una de las dificultades y problemas que tenemos. Es allí donde la fe se tiene que notar. Es en esos momentos tienes que mostrar que eres uno de los que cree en la Resurrección del Señor, y que sabe que las promesas de Dios se cumplirán. No te puedes angustiar hasta el extremo de enfermarte o perder el control de todo. Muéstrate como alguien que sabe que saldrá adelante de todas las dificultades y tendrás la perseverancia suficiente para no caer.
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lunes, 18 de octubre de 2010
NI TANTO, NI POQUITO
Frente al debacle del imperio de la razón, se alzó una tendencia que exarcerbo el sentir como el criterio único para la realización del proyecto humano, se insistió que lo mas importante y determinante de la vida humana era el sentir. Dejarse llevar por las emociones seria, según este parecer, camino seguro a la felicidad. Es el imperio del sentir y del creer que con sentir bastaba para ser feliz.
Asegurar, también, que la vida demasiado matizada por las cuadriculas de los argumentos se mostraba aburrida y no garantizaba la felicidad; siendo sospechoso pensar mucho. Hoy tengo la certeza existencial de que la relación complementaria, cómplice y de resistencia entre la razón y las emociones es necesaria.
No se puede vivir la vida solo desde la razón (apolineamente) pues carecería de vitalidad y seria aburrida; asi como tampoco dar rienda suelta a una vida de emociones descontroladas (dionisiaca) porque esto equivaldría a la incertidumbre constante, al bamboleo de los estados de animo, a la inconstancia y, en algunos casos, al absurdo.
Insisto, la relación: razón - emoción, mente -corazón, es necesaria para una vida con sentido, con plenitud.
Según las circunstancias que enfrentamos, una prevalecerá sobre otra, lo que no supone su exclusión, ni su supresión. Es claro, que hay días en que debemos actuar sin dejarnos llevar por nuestras emociones; como cuando nos llevan a querer estar cerca de alguien que sabemos no conviene porque nos ha destruido anteriormente, porque se ha aprovechado, nos uso o nos danio. O en ese momento el que la ira nos impulsa a atentar contra quien nos ha ofendido, a pesar de que sabemos que no es conveniente, ni traerá consecuencias positivas. Tampoco podemos quedar bajo el gobierno de nuestras en esos días que no tenemos ningún deseo de. Ir a trabajar, sino que quisiéramos quedarnos tirados en la cana sin mover un dedo.
Y también es claro que, en algunas ocasiones, una mayor dosis de intuición nos permite discernir sabiamente. Hay situaciones en las que los argumentos no alcanzan para. Comprender la realidad. Y situaciones en las que el afecto no encuentra ningún asidero racional, sin embargo es sano y da sentido a la existencia. Se trata entonces de escoger con inteligencia cuando debe prevalecer una u otra. Saber tomar esta decisión, si que nos hará felices.
Muchos de los que me leen están perdiendo el sentido de sus existencias porque no han podido comprender que ese dolor por el que atraviesan es lo mejor que puede pasarles. Eso solo puede comprenderse si dejamos que la razón nos argumente su lógica. Como también es cierto que otros hermanos estan contenidos en viejos moldes argumentativos que no le permiten ver toda la realidad y gozarla como es posible.
P. Alberto Linero Gomez Eudista
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Asegurar, también, que la vida demasiado matizada por las cuadriculas de los argumentos se mostraba aburrida y no garantizaba la felicidad; siendo sospechoso pensar mucho. Hoy tengo la certeza existencial de que la relación complementaria, cómplice y de resistencia entre la razón y las emociones es necesaria.
No se puede vivir la vida solo desde la razón (apolineamente) pues carecería de vitalidad y seria aburrida; asi como tampoco dar rienda suelta a una vida de emociones descontroladas (dionisiaca) porque esto equivaldría a la incertidumbre constante, al bamboleo de los estados de animo, a la inconstancia y, en algunos casos, al absurdo.
Insisto, la relación: razón - emoción, mente -corazón, es necesaria para una vida con sentido, con plenitud.
Según las circunstancias que enfrentamos, una prevalecerá sobre otra, lo que no supone su exclusión, ni su supresión. Es claro, que hay días en que debemos actuar sin dejarnos llevar por nuestras emociones; como cuando nos llevan a querer estar cerca de alguien que sabemos no conviene porque nos ha destruido anteriormente, porque se ha aprovechado, nos uso o nos danio. O en ese momento el que la ira nos impulsa a atentar contra quien nos ha ofendido, a pesar de que sabemos que no es conveniente, ni traerá consecuencias positivas. Tampoco podemos quedar bajo el gobierno de nuestras en esos días que no tenemos ningún deseo de. Ir a trabajar, sino que quisiéramos quedarnos tirados en la cana sin mover un dedo.
Y también es claro que, en algunas ocasiones, una mayor dosis de intuición nos permite discernir sabiamente. Hay situaciones en las que los argumentos no alcanzan para. Comprender la realidad. Y situaciones en las que el afecto no encuentra ningún asidero racional, sin embargo es sano y da sentido a la existencia. Se trata entonces de escoger con inteligencia cuando debe prevalecer una u otra. Saber tomar esta decisión, si que nos hará felices.
Muchos de los que me leen están perdiendo el sentido de sus existencias porque no han podido comprender que ese dolor por el que atraviesan es lo mejor que puede pasarles. Eso solo puede comprenderse si dejamos que la razón nos argumente su lógica. Como también es cierto que otros hermanos estan contenidos en viejos moldes argumentativos que no le permiten ver toda la realidad y gozarla como es posible.
P. Alberto Linero Gomez Eudista
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martes, 5 de octubre de 2010
Reflexiones para momentos difíciles
Hay momentos en nuestra vida en los que creemos que todo está perdido, nos duele el corazón, nos sentimos perdidos, sentimos que no valemos nada y que nadie puede ayudarnos, son experiencias en la que nuestra finitud se hace presente demasiado fuerte. Son momentos tristes y, normalmente, tenemos que enfrentarlos solos, pues como dice el poeta: “en momentos de mayor dificultad o de frustración la gran mayoría de los que están a nuestro alrededor se alejan y nos dejan solos”. Recuerdo aquí que el Jesús de Marcos lo sintió en la cruz: “Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron” (Marcos 14,50) y también se sintió así de su Padre Dios al que le obedeció en todo: “Padre porque me has abandonado” (Marcos 16,34). El también vivió esos momentos terribles y devastadores que nos invitan a no seguir adelante.
Todos pasamos por esas situaciones y también, todos experimentamos la tentación de tirar todo a la basura y de decir ya no vale la pena seguir adelante. Son instantes de la vida en los que uno se pregunta para qué nació o para qué estar vivo; ideas de muerte pasan por nuestras mentes y se nos presentan como una oportunidad. Es obvio que la solución no es tirar todo a la basura y dejarse morir, eso no es solucionar un problema sino generar uno que no sabemos de qué dimensión es. Son los momentos en los que hay que animarse, fortalecerse, motivarse y estar dispuesto a que todo sea mejor. Hay que hacer algo, tenemos que seguir batallando.
He tenido muchos momentos de esos. Tengo que darle gracias a Dios que he podido salir delante de cada uno de ellos. Muchas veces las derrotas, las soledades, las frustraciones, etc., me han puesto en situaciones límites que me han producido angustias, depresiones y tristezas. Seguro que mi experiencia de Dios y los valores en los que he sido formado han sido fundamentales para salir adelante. Les comparto unas reflexiones al respecto, por lo menos es lo que hago cuando estoy en esas situaciones.
1. Hay que asumir la derrota, la frustración, el error, el resultado negativo. Esto es, hay que aceptar que estamos viviendo un momento duro y difícil. Negarlo es una manera de darle más poder para que nos acabe. Eso forma parte de la vida. Si hay que sufrirlo tendrás que hacerlo. Usar el mecanismo de defensa de la racionalización da algo de paz, pero no quita el problema; por ello, lo mejor es enfrentar la realidad tal cual es y vivir el momento con la total pasión. Embriagarse, drogarse y huir de la situación no es una buena solución, ya que no soluciona nada y sí nos aleja de la preparación necesaria para enfrentar la realidad.
2. Hay que tener claro que siempre hay una oportunidad y hay que aferrarse a ella trabajando duro por alcanzarla. Es muy seguro que en medio de la dificultad no se vea ninguna luz pero siempre la hay y la tenemos que alcanzar. Es decir, asumo mi dolor y mi tristeza, sé que todo está mal, pero estoy seguro de que se puede salir adelante. Esa es la mejor auto-motivación. Es como cuando mi sobrino está haciendo un rompecabezas y ante una pieza que no podemos ubicar siempre me dice, ¡tranquilo, tio, siempre cabe en algún lugar! Te juro que aunque no lo creamos siempre hay una solución.
3. Hay que seguir luchando. La única manera de alcanzar la salida es caminar hacia ella. Cuando peor nos sentimos es cuando más tenemos que trabajar y luchar con más fuerza. Nadie sale de un mal momento sentado y esperando que pase hay que estar en actitud de lucha y tratar de motivarnos en cada momento para encontrar la mejor salida.
4. Hay que mantenerse firme en los valores fundamentales que rigen la vida. Muchas veces esos son los momentos más tentadores para traicionar los valores y salir corriendo a vivir los que se muestran como una inmediata solución. Es el momento de ser fuertes y coherentes con lo que hemos pensado y hemos elegido como fuerzas que coordine nuestra vida.
5. Hay que aferrarse a Dios. Al Dios del amor. Sin fanatismos, sin rezos exagerados sin cultos con lógica comercial –de oro y me das aquello-. Tratando de encontrarlo como el que más nos ama y siempre quiere para nosotros lo mejor. Seguro que con el salimos adelante (Isaías 43,1-7)
Lo importante es entender y comprender que se puede salir adelante, que no todo está perdido y que siempre somos capaces de reír en el futuro de lo que en el presente nos ha hecho llorar.
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Todos pasamos por esas situaciones y también, todos experimentamos la tentación de tirar todo a la basura y de decir ya no vale la pena seguir adelante. Son instantes de la vida en los que uno se pregunta para qué nació o para qué estar vivo; ideas de muerte pasan por nuestras mentes y se nos presentan como una oportunidad. Es obvio que la solución no es tirar todo a la basura y dejarse morir, eso no es solucionar un problema sino generar uno que no sabemos de qué dimensión es. Son los momentos en los que hay que animarse, fortalecerse, motivarse y estar dispuesto a que todo sea mejor. Hay que hacer algo, tenemos que seguir batallando.
He tenido muchos momentos de esos. Tengo que darle gracias a Dios que he podido salir delante de cada uno de ellos. Muchas veces las derrotas, las soledades, las frustraciones, etc., me han puesto en situaciones límites que me han producido angustias, depresiones y tristezas. Seguro que mi experiencia de Dios y los valores en los que he sido formado han sido fundamentales para salir adelante. Les comparto unas reflexiones al respecto, por lo menos es lo que hago cuando estoy en esas situaciones.
1. Hay que asumir la derrota, la frustración, el error, el resultado negativo. Esto es, hay que aceptar que estamos viviendo un momento duro y difícil. Negarlo es una manera de darle más poder para que nos acabe. Eso forma parte de la vida. Si hay que sufrirlo tendrás que hacerlo. Usar el mecanismo de defensa de la racionalización da algo de paz, pero no quita el problema; por ello, lo mejor es enfrentar la realidad tal cual es y vivir el momento con la total pasión. Embriagarse, drogarse y huir de la situación no es una buena solución, ya que no soluciona nada y sí nos aleja de la preparación necesaria para enfrentar la realidad.
2. Hay que tener claro que siempre hay una oportunidad y hay que aferrarse a ella trabajando duro por alcanzarla. Es muy seguro que en medio de la dificultad no se vea ninguna luz pero siempre la hay y la tenemos que alcanzar. Es decir, asumo mi dolor y mi tristeza, sé que todo está mal, pero estoy seguro de que se puede salir adelante. Esa es la mejor auto-motivación. Es como cuando mi sobrino está haciendo un rompecabezas y ante una pieza que no podemos ubicar siempre me dice, ¡tranquilo, tio, siempre cabe en algún lugar! Te juro que aunque no lo creamos siempre hay una solución.
3. Hay que seguir luchando. La única manera de alcanzar la salida es caminar hacia ella. Cuando peor nos sentimos es cuando más tenemos que trabajar y luchar con más fuerza. Nadie sale de un mal momento sentado y esperando que pase hay que estar en actitud de lucha y tratar de motivarnos en cada momento para encontrar la mejor salida.
4. Hay que mantenerse firme en los valores fundamentales que rigen la vida. Muchas veces esos son los momentos más tentadores para traicionar los valores y salir corriendo a vivir los que se muestran como una inmediata solución. Es el momento de ser fuertes y coherentes con lo que hemos pensado y hemos elegido como fuerzas que coordine nuestra vida.
5. Hay que aferrarse a Dios. Al Dios del amor. Sin fanatismos, sin rezos exagerados sin cultos con lógica comercial –de oro y me das aquello-. Tratando de encontrarlo como el que más nos ama y siempre quiere para nosotros lo mejor. Seguro que con el salimos adelante (Isaías 43,1-7)
Lo importante es entender y comprender que se puede salir adelante, que no todo está perdido y que siempre somos capaces de reír en el futuro de lo que en el presente nos ha hecho llorar.
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sábado, 25 de septiembre de 2010
Ten calma frente a la adversidad
Todos, en algún momento de la vida, tenemos frustraciones y situaciones que nos hacen infelices. No está bajo el halo de las decisiones que tomamos si tenemos dificultades o no. Las tendremos porque, en su gran mayoría, no dependerán de nosotros sino de la voluntad, los valores y las actitudes de los otros. Serán situaciones que nos harán llorar y estar tristes pero que debemos superar.
Es necesario estar preparados para aprovechar la frustración o la decepción en función de nuestro crecimiento personal. Esto es, comprender que estas situaciones existen para que seamos capaces de crecer y mejorar. No las podemos entender como experiencias totalmente destructivas, sino que tenemos que ser capaces de soportar el dolor que ella nos produce y buscar como nos ayudan a adelantarnos en nuestro propio proyecto de vida.
Para ello te propongo que reflexiones varias cosas: primero, hay que estar preparados para el error y la falla del otro, porque está hecho del mismo material que nosotros y así como nosotros somos proclives al error también los otros lo son. Segundo, hay que tener claro que todo tiene solución y que no podemos darnos por vencidos ante nada, y que todo somos capaces de soportarlo y de superarlo. Tercero, es importante preguntarse qué me aporta esa situación que estoy viviendo, qué me enseña, para el futuro cómo esta experiencia puede serme útil. Cuarto, no olvidar lo que nos ha enseñado Romanos 8,28 “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman”. Si tienes claro esto y puedes actuar con inteligencia y decisión, estoy seguro que aprenderás en la escuela del fracaso a ser feliz y a darte cuenta que todas las cosas nos ayudan si nos dejamos ayudar por ellas.
Por eso lo que tenemos que hacer ante las frustraciones es vivirlas con total intensidad de manera que cumplan su función de hacernos cada vez mejores. En este sentido, me fascina el reclamo que le hace el profeta Habacuc al Señor: “Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnos? ¿por qué me haces ver tanta angustia y maldad? También nosotros hemos tenido ganas de hacerle a Dios esos reclamos. Nos preguntamos por qué Dios no responde rápido a nuestras peticiones o por qué suceden tantas cosas malas sin que Él haga algo.
De hecho muchas veces sentimos que nuestra fe tambalea porque vemos que Dios no hace pronto lo que nos ha prometido. Habacuc pide una respuesta y Dios se las da: “Escribe en tablas de barro lo que voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar pues llegará en el momento preciso”. Es una respuesta contundente: Dios no se ha olvidado de las promesas que nos ha hecho. Él va cumplir su palabra de hacer que el bien venza al mal. Pero debemos ser pacientes y esperar el tiempo preciso.
No podemos desesperarnos y dejar que el desespero nos haga dudar del Poder de Dios y de su amor por nosotros. No podemos dejar que el desespero nos lleve a equivocarnos. El siempre nos escucha y quiere darnos lo mejor pero no lo hará en nuestro tiempo sino en su tiempo. Nosotros no sabemos realmente que es lo mejor para nosotros porque no tenemos una visión completa de la vida, en cambio Dios si sabe que es lo que más nos conviene porque El desde el cielo lo ve todo y tiene ante sus ojos el presente y el futuro. Hay que ser pacientes y tratar de vivir dóciles a su Espíritu Santo para que El nos muestre hacia donde tenemos que ir y caminar. Dice el refranero “Dios tarda pero no olvida” eso lo tenemos que tener presente todos los días al levantarnos, orar y salir a trabajar: Dios responderá a nuestra petición de la mejor manera. Siempre lo que El haga será lo mejor para cada uno de nosotros.
Hoy estamos invitados a seguir creyendo y confiando a no darnos por vencidos, y a no abandonar nuestra fe así muchas veces parezca que Dios no nos está escuchando porque no vemos sus acciones.
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Es necesario estar preparados para aprovechar la frustración o la decepción en función de nuestro crecimiento personal. Esto es, comprender que estas situaciones existen para que seamos capaces de crecer y mejorar. No las podemos entender como experiencias totalmente destructivas, sino que tenemos que ser capaces de soportar el dolor que ella nos produce y buscar como nos ayudan a adelantarnos en nuestro propio proyecto de vida.
Para ello te propongo que reflexiones varias cosas: primero, hay que estar preparados para el error y la falla del otro, porque está hecho del mismo material que nosotros y así como nosotros somos proclives al error también los otros lo son. Segundo, hay que tener claro que todo tiene solución y que no podemos darnos por vencidos ante nada, y que todo somos capaces de soportarlo y de superarlo. Tercero, es importante preguntarse qué me aporta esa situación que estoy viviendo, qué me enseña, para el futuro cómo esta experiencia puede serme útil. Cuarto, no olvidar lo que nos ha enseñado Romanos 8,28 “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman”. Si tienes claro esto y puedes actuar con inteligencia y decisión, estoy seguro que aprenderás en la escuela del fracaso a ser feliz y a darte cuenta que todas las cosas nos ayudan si nos dejamos ayudar por ellas.
Por eso lo que tenemos que hacer ante las frustraciones es vivirlas con total intensidad de manera que cumplan su función de hacernos cada vez mejores. En este sentido, me fascina el reclamo que le hace el profeta Habacuc al Señor: “Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnos? ¿por qué me haces ver tanta angustia y maldad? También nosotros hemos tenido ganas de hacerle a Dios esos reclamos. Nos preguntamos por qué Dios no responde rápido a nuestras peticiones o por qué suceden tantas cosas malas sin que Él haga algo.
De hecho muchas veces sentimos que nuestra fe tambalea porque vemos que Dios no hace pronto lo que nos ha prometido. Habacuc pide una respuesta y Dios se las da: “Escribe en tablas de barro lo que voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar pues llegará en el momento preciso”. Es una respuesta contundente: Dios no se ha olvidado de las promesas que nos ha hecho. Él va cumplir su palabra de hacer que el bien venza al mal. Pero debemos ser pacientes y esperar el tiempo preciso.
No podemos desesperarnos y dejar que el desespero nos haga dudar del Poder de Dios y de su amor por nosotros. No podemos dejar que el desespero nos lleve a equivocarnos. El siempre nos escucha y quiere darnos lo mejor pero no lo hará en nuestro tiempo sino en su tiempo. Nosotros no sabemos realmente que es lo mejor para nosotros porque no tenemos una visión completa de la vida, en cambio Dios si sabe que es lo que más nos conviene porque El desde el cielo lo ve todo y tiene ante sus ojos el presente y el futuro. Hay que ser pacientes y tratar de vivir dóciles a su Espíritu Santo para que El nos muestre hacia donde tenemos que ir y caminar. Dice el refranero “Dios tarda pero no olvida” eso lo tenemos que tener presente todos los días al levantarnos, orar y salir a trabajar: Dios responderá a nuestra petición de la mejor manera. Siempre lo que El haga será lo mejor para cada uno de nosotros.
Hoy estamos invitados a seguir creyendo y confiando a no darnos por vencidos, y a no abandonar nuestra fe así muchas veces parezca que Dios no nos está escuchando porque no vemos sus acciones.
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lunes, 20 de septiembre de 2010
HABLANDO DE PROBLEMAS Y SOLUCIONES
Todos tenemos problemas y dificultades que resolver. Nadie puede decir que está exonerado de esta experiencia. Es más, creo que la clave del buen vivir, está en aprender a resolver esos problemas y conflictos de la manera más provechosa posible. Estoy seguro que todas las dificultades o conflictos tienen solución y que se trata de ser capaz de encontrarla, inventarla o desvelarla. Así también, como estoy convencido que en cada problema hay una lección de vida y un aprendizaje que no podemos despreciar. Por eso en vez de odiar los problemas y de tener una actitud despreciativa frente a ellos creo que debiéramos aprender a usarlos en función de nuestro crecimiento. Quisiera compartir con ustedes las reflexiones que he estado haciendo por estos días, en torno a las actitudes que nos pueden ayudar a hacer de esas situaciones tan problemáticas, que nos hacen sufrir, oportunidades para ser mejores seres humanos. Sabiendo que son reflexiones recurrentes y que buscan trazar caminos más claros cada vez:
1. Ser paciente. Lo peor que nos puede suceder frente a un conflicto es perder el control y ser victimas del desespero. Sé bien que los problemas ocasionan en nosotros muchas emociones negativas, las cuales quieren impulsarnos a actuar. Tengan la certeza que cuando dejamos que esas emociones nos controlen y nos lleven a la acción vamos a terminar generado un problema mayor. No conozco ninguna solución buena que nazca de emociones negativas. Paciencia es entender que todo tiene su tiempo y que hay que aprender a respetar el ritmo de la historia que no depende exclusivamente de nuestras decisiones y capacidades sino que cuenta con la complejidad generada por los intereses, los deseos y las voluntades de los demás. Mantenerse sereno, dueño de las propias emociones y seguro de que todo pasa, y que a todo se le encuentra solución es la actitud correcta para salir adelante en situaciones complicadas. Hasta cuando hay que actuar rápido es necesario estar sereno. Nada se resuelve con la ira o con la violencia. Estas emociones siempre generan más dificultad.
2. Sabiduría. Me encanta la diferencia entre sabiduría e inteligencia, entre saber vivir y tener mucho conocimiento. Considero que para resolver problemas, conflictos es necesario tener inteligencia, es decir, tratar de entender bien las causas y los efectos de la situación, tratando de preveer las tendencias que tiene hacia el futuro. No podemos actuar sin tener claro cuales son las posibilidades de reacción de todas las partes en conflicto. Cuando una reacción te sorprenda, debes reconocer que esta se produce porque no analizaste con suficiente inteligencia la situación. Pero no basta con inteligencia es necesario la sabiduría, comprender el sentido de esa situación en la vida, ver con profundidad que aporta al desarrollo del propio proyecto de vida, discernir que nos dice de nuestra relación con Dios. Para esta segunda parte de necesita la acción del Espíritu Santo en nosotros. Hay que ser dócil a sus mociones para poder comprender con claridad que es lo que quiere Dios, para ello es necesario una experiencia de oración sincera y profunda. Quien se ciega y actúa “brutamente” no encontrará soluciones sino más problemas y terminara llorando.
3. Actuar con decisión. Es necesario que actuemos porque los problemas no se solucionan solos ni por arte de magia. Esa actuación tiene que ser fruto de todo el proceso que hemos planteado y de una decisión sosegada pero clara y firme. No basta con saber que hay que hacer, es necesario hacerlo y de la mejor manera. Es la única manera de resolver los problemas y no estar expuesto a remordimientos. Esas acciones tienen que suponer al otro. No podemos decidir sin el otro y sin su realidad. Cuando uno piensa en como se sienten los demás, en por qué actúan así, en como reaccionan, tiene un panorama más completo para decidir y actuar. Es entender que el gana gana es posible. Sabiendo que este no es una experiencia de ganar igual sino de ambos ganar el 100 por ciento ante la misma realidad.
Todo esto en medio siempre del deseo de que Dios haga su voluntad en nosotros y de que la mejor manera de ser feliz es comprender que todos.
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1. Ser paciente. Lo peor que nos puede suceder frente a un conflicto es perder el control y ser victimas del desespero. Sé bien que los problemas ocasionan en nosotros muchas emociones negativas, las cuales quieren impulsarnos a actuar. Tengan la certeza que cuando dejamos que esas emociones nos controlen y nos lleven a la acción vamos a terminar generado un problema mayor. No conozco ninguna solución buena que nazca de emociones negativas. Paciencia es entender que todo tiene su tiempo y que hay que aprender a respetar el ritmo de la historia que no depende exclusivamente de nuestras decisiones y capacidades sino que cuenta con la complejidad generada por los intereses, los deseos y las voluntades de los demás. Mantenerse sereno, dueño de las propias emociones y seguro de que todo pasa, y que a todo se le encuentra solución es la actitud correcta para salir adelante en situaciones complicadas. Hasta cuando hay que actuar rápido es necesario estar sereno. Nada se resuelve con la ira o con la violencia. Estas emociones siempre generan más dificultad.
2. Sabiduría. Me encanta la diferencia entre sabiduría e inteligencia, entre saber vivir y tener mucho conocimiento. Considero que para resolver problemas, conflictos es necesario tener inteligencia, es decir, tratar de entender bien las causas y los efectos de la situación, tratando de preveer las tendencias que tiene hacia el futuro. No podemos actuar sin tener claro cuales son las posibilidades de reacción de todas las partes en conflicto. Cuando una reacción te sorprenda, debes reconocer que esta se produce porque no analizaste con suficiente inteligencia la situación. Pero no basta con inteligencia es necesario la sabiduría, comprender el sentido de esa situación en la vida, ver con profundidad que aporta al desarrollo del propio proyecto de vida, discernir que nos dice de nuestra relación con Dios. Para esta segunda parte de necesita la acción del Espíritu Santo en nosotros. Hay que ser dócil a sus mociones para poder comprender con claridad que es lo que quiere Dios, para ello es necesario una experiencia de oración sincera y profunda. Quien se ciega y actúa “brutamente” no encontrará soluciones sino más problemas y terminara llorando.
3. Actuar con decisión. Es necesario que actuemos porque los problemas no se solucionan solos ni por arte de magia. Esa actuación tiene que ser fruto de todo el proceso que hemos planteado y de una decisión sosegada pero clara y firme. No basta con saber que hay que hacer, es necesario hacerlo y de la mejor manera. Es la única manera de resolver los problemas y no estar expuesto a remordimientos. Esas acciones tienen que suponer al otro. No podemos decidir sin el otro y sin su realidad. Cuando uno piensa en como se sienten los demás, en por qué actúan así, en como reaccionan, tiene un panorama más completo para decidir y actuar. Es entender que el gana gana es posible. Sabiendo que este no es una experiencia de ganar igual sino de ambos ganar el 100 por ciento ante la misma realidad.
Todo esto en medio siempre del deseo de que Dios haga su voluntad en nosotros y de que la mejor manera de ser feliz es comprender que todos.
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