El mundial -que para mí ha tenido un bajo nivel y me cuestiona si vale la pena tanta expectativa que se genera en torno suyo para ver esto que se está viendo- me ha dejado una misma lección de vida, en dos realidades distintas. Es necesario ser auténtico y tratar de desarrollarse tratando de ser el mejor yo posible.
Esto lo digo pensando en las selecciones africanas, que han hecho todo el esfuerzo por parecerse al fútbol europeo y terminaron perdiendo aquello que los caracteriza y debería hacerlos fuertes. Los que nos sentimos negros, sabemos que lo característico es la ‘pimienta’ con la que vivimos, el sabor que se le pone a cada situación y la inspiración siempre dispuesta a la repentización que se tiene.
Sin embargo, desde hace algún tiempo, con la llegada de técnicos europeos, se está haciendo lo posible para que los africanos terminen jugando “a la europea”, exigiéndole -a su desarrollo futbolístico- habilidades y características de juego que no tienen y que les va a costar tener. El resultado: casi todas sus selecciones eliminadas en primera ronda –sólo se mantiene la de Gahna, que, precisamente, es la que más respeta sus raíces-.
Eso pasa en la vida, pues son muchos los que quieren parecerse a otros y entonces tratan de “imitar” características de vida que no pueden tener y acaban sufriendo y haciendo sufrir a todos los que están su alrededor; porque la amargura y la tristeza se apoderan de sus días. Se terminan dilapidando una gran cantidad de capacidades, de cualidades y siendo mediocres en la asunción de otras que no forman parte de su ‘sí-mismo’.
El otro caso -totalmente opuesto- es el de Paraguay. Este equipo está diseñado desde lo que son y lo que tienen sus jugadores. Si nos damos cuenta no sueña jugar, ni como Chile, ni como Brasil, ni mucho menos como Argentina.
Tienen un estilo que los caracteriza. Y que está respaldado por su fenotipo. Son organizados, no en función de lo que ‘otros’ hacen, sino que desde sus cualidades. Así elaboran un plan de juego interesante. Sus delanteros presionan en la salida de la defensa contraria, juegan largo y frontal, levantan la pelota en el área buscando siempre el cabezazo y juegan al contragolpe. Eso los ha caracterizado siempre y es así desde donde quieren hacer realidad su éxito.
Creo que esa es la lección más grande para nosotros: tenemos que proyectar nuestros objetivos y sueños conociendo nuestra realidad y sabiendo hasta dónde podemos llegar. Se trata de querer parecerse a uno mismo, eso sí, el mejor sí-mismo posible.
Para que no estemos imitando a nadie, ni gastando recursos en lo que es suntuoso. Si aprendemos a vivir así, no sólo tendremos más posibilidades de éxito; sino que, además, nos hará vivir felices, porque nada nos hace más feliz que ser lo que realmente somos.
Lástima que muchos estén tratando de ser iguales a otros y gasten su tiempo envidiando o sufriendo por lo que aquellos hacen. Hoy debemos aprender a gozarnos nuestras capacidades y a tratar de mejorar frente a ellas.
Sabiendo que les debemos dedicar más tiempo. John Max Well dice que para triunfar debemos dedicar el tiempo a nuestras características de la siguiente manera: 75% del tiempo a nuestras cualidades, 20 % a características nuevas que debiéramos trabajar y aprender… y sólo un 5% a nuestras debilidades. Estoy seguro de que, a más de uno, ésta distribución le cuesta aceptarla; porque regularmente estamos más atento a las debilidades y carencias, que a las capacidades o potencialidades.
Espero que estas reflexiones que han quedado luego de un tiempo frente al televisor viendo el fútbol y los diálogos sostenidos todas las noches con Castel y el Mono Correa en la emisora de El Minuto de Dios 1370 en Fútbol, Padrenuestros y Goles, hayan servido para compartir con ustedes algo que les ayude a plantearse preguntas para su vida. GC
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martes, 29 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
Piensa bien, vive bien
La manera de pensar influye mucho en el actuar. Casi podría decirte: dime cómo piensas y te diré cómo actúas. Por eso, es bien importante que cada uno de nosotros se dé cuenta de cuál es la calidad de sus pensamientos. Estoy seguro de que se puede elegir la manera de pensar. Cada uno puede elegir una mentalidad de perdedor o de ganador.
Alguien que tiene un modo de pensar centrado en lo malo que hay en su vida y en la de los demás, que es pesimista, que desconfía de sí mismo y de los otros con los que entra en relación, que vive pensando en sus incapacidades y en las actuaciones del ayer en el que falló, ese muy probablemente perderá todas las batallas en las que participe y si es deportista, es muy seguro que, antes de que salga del camerino, ya estará derrotado.
Esa es una mentalidad perdedora, que está centrada en las incapacidades, en los defectos y en las experiencias de fracaso del pasado. Si nos relacionamos desde esta mentalidad seguro que nuestras relaciones van a ser conflictivas y a generar muchos problemas. Imagino las relaciones de pareja de alguien con mentalidad perdedora: sin duda estarán llenas de dolor, tristeza, fracasos y se parecerá mucho al infierno que tantas veces nos han descrito los literatos.
Por ello, creo que es importante elegir una mentalidad de ganador. Esto es, tener unos pensamientos “positivos” que nos impulsen a vivir de una manera constructiva. Cuando estamos llenos de pensamientos ganadores, somos empujados a la apertura del corazón y a descubrir todo lo “bueno” que la vida en los otros sujetos y en su desarrollo mismo trae. En una relación de pareja es fundamental que se tenga una mentalidad ganadora, una mentalidad positiva, porque eso hará que tanto la manera de ver, como la de relacionarse con el conyugue, esté planteada desde el amor, desde lo bueno que tiene para mí y no desde sus errores e incapacidades.
Te propongo algunas reflexiones sobre el cómo lograr una mentalidad ganadora, cómo alcanzar una transformación de tus pensamientos y que en vez de estar siendo impulsado por lo negativo puedas sentirte animado a ver lo “bueno” de la vida.
1. Hacer conciencia de que tengo una mentalidad negativa y está impactando de manera muy destructiva a mi ambiente. Sin esa conciencia no hay nada que hacer. Si eres terco y te mantienes en que esa manera de pensar es la correcta y sin capaz de sospechar sobre ella y darte cuenta de qué calidad son tus pensamientos, muy seguramente vas a sufrir una y otra vez.
2. Ser capaz de ver una y otra vez las cualidades que tienes y que tienen las personas que están a tu alrededor. Tienes que enfocarte en esas cualidades y capacidades para que desde ellas construyas la vida. No dejes que el pesimismo o el negativismo se apoderen de tu mente. Necesitamos elogiar a las personas con las que vivimos y evitar la constante crítica, pues nadie responde a buen elogio con rabia u odio.
3. Trata de mantener siempre frescos en tu mente los logros que has tenido. Es muy importante que tus experiencias actuales estén matizadas por esas experiencias positivas que la historia te ha permitido tener. Es fundamental beber aguas de triunfo y no quedarte soportando la hiel de los fracasos.
4. Disfruta la belleza del paisaje, la calidez de una buena melodía, la compañía de un buen libro, la caricia del mar o del agua en la que te bañas. Trata de conectar tu espíritu con valores trascendentales como la belleza, la armonía, la bondad. Te aseguro que eso te dispondrá a vivir de una manera distinta.
5. Una buena experiencia espiritual. Una centrada en el amor, que no genere miedos ante la diferencia y que no te esté acusando con el dedo índice siempre. Una que te ayude a aceptarte, valorarte y amarte tal cual eres y que te haga respetar al otro, aunque sea distinto y piense diferente, de una manera sana. Una que te haga ver con libertad a la gente, porque el pecado no está afuera sino dentro.
Estoy seguro de que puedes tener una mentalidad ganadora. Una mentalidad de alguien que es capaz de disfrutar la vida y hacérsela disfrutar a los que están al lado. Uno que puede sonreír a carcajadas porque comprende que todo es pasajero. Si logras pensar como ganador, actuarás como un ganador y levantarás las manos en victoria siempre.
PD. Comienza el mundial. Ya Argentina ganó su primer partido haré fuerza por todos los latinamericanos menos por Brasil, espero que salga eliminado en la primera ronda. Por ahora me preparo con los de mi barra para sentarnos con el mate a ver a la albiceleste, aguante Alex, aguante Hollman.
Alguien que tiene un modo de pensar centrado en lo malo que hay en su vida y en la de los demás, que es pesimista, que desconfía de sí mismo y de los otros con los que entra en relación, que vive pensando en sus incapacidades y en las actuaciones del ayer en el que falló, ese muy probablemente perderá todas las batallas en las que participe y si es deportista, es muy seguro que, antes de que salga del camerino, ya estará derrotado.
Esa es una mentalidad perdedora, que está centrada en las incapacidades, en los defectos y en las experiencias de fracaso del pasado. Si nos relacionamos desde esta mentalidad seguro que nuestras relaciones van a ser conflictivas y a generar muchos problemas. Imagino las relaciones de pareja de alguien con mentalidad perdedora: sin duda estarán llenas de dolor, tristeza, fracasos y se parecerá mucho al infierno que tantas veces nos han descrito los literatos.
Por ello, creo que es importante elegir una mentalidad de ganador. Esto es, tener unos pensamientos “positivos” que nos impulsen a vivir de una manera constructiva. Cuando estamos llenos de pensamientos ganadores, somos empujados a la apertura del corazón y a descubrir todo lo “bueno” que la vida en los otros sujetos y en su desarrollo mismo trae. En una relación de pareja es fundamental que se tenga una mentalidad ganadora, una mentalidad positiva, porque eso hará que tanto la manera de ver, como la de relacionarse con el conyugue, esté planteada desde el amor, desde lo bueno que tiene para mí y no desde sus errores e incapacidades.
Te propongo algunas reflexiones sobre el cómo lograr una mentalidad ganadora, cómo alcanzar una transformación de tus pensamientos y que en vez de estar siendo impulsado por lo negativo puedas sentirte animado a ver lo “bueno” de la vida.
1. Hacer conciencia de que tengo una mentalidad negativa y está impactando de manera muy destructiva a mi ambiente. Sin esa conciencia no hay nada que hacer. Si eres terco y te mantienes en que esa manera de pensar es la correcta y sin capaz de sospechar sobre ella y darte cuenta de qué calidad son tus pensamientos, muy seguramente vas a sufrir una y otra vez.
2. Ser capaz de ver una y otra vez las cualidades que tienes y que tienen las personas que están a tu alrededor. Tienes que enfocarte en esas cualidades y capacidades para que desde ellas construyas la vida. No dejes que el pesimismo o el negativismo se apoderen de tu mente. Necesitamos elogiar a las personas con las que vivimos y evitar la constante crítica, pues nadie responde a buen elogio con rabia u odio.
3. Trata de mantener siempre frescos en tu mente los logros que has tenido. Es muy importante que tus experiencias actuales estén matizadas por esas experiencias positivas que la historia te ha permitido tener. Es fundamental beber aguas de triunfo y no quedarte soportando la hiel de los fracasos.
4. Disfruta la belleza del paisaje, la calidez de una buena melodía, la compañía de un buen libro, la caricia del mar o del agua en la que te bañas. Trata de conectar tu espíritu con valores trascendentales como la belleza, la armonía, la bondad. Te aseguro que eso te dispondrá a vivir de una manera distinta.
5. Una buena experiencia espiritual. Una centrada en el amor, que no genere miedos ante la diferencia y que no te esté acusando con el dedo índice siempre. Una que te ayude a aceptarte, valorarte y amarte tal cual eres y que te haga respetar al otro, aunque sea distinto y piense diferente, de una manera sana. Una que te haga ver con libertad a la gente, porque el pecado no está afuera sino dentro.
Estoy seguro de que puedes tener una mentalidad ganadora. Una mentalidad de alguien que es capaz de disfrutar la vida y hacérsela disfrutar a los que están al lado. Uno que puede sonreír a carcajadas porque comprende que todo es pasajero. Si logras pensar como ganador, actuarás como un ganador y levantarás las manos en victoria siempre.
PD. Comienza el mundial. Ya Argentina ganó su primer partido haré fuerza por todos los latinamericanos menos por Brasil, espero que salga eliminado en la primera ronda. Por ahora me preparo con los de mi barra para sentarnos con el mate a ver a la albiceleste, aguante Alex, aguante Hollman.
sábado, 24 de abril de 2010
VIVIENDO EL PERDON
Mucha gente me pregunta ¿cómo perdonar? Todos queremos saberlo hacer para vivir libres de toda culpa. Hoy quisiera comenzar la aventura del mes de Octubre proponiéndoles unos elementos sencillos para tener en cuenta en ese proceso de aprender a perdonar:
1. Toma conciencia de que todos necesitamos ser perdonados. Saber que no existe nadie perfecto entre nosotros que nunca ha fallado, nos lleva a ser más proclives al perdón. Así como en más de una ocasión tú has fallado otros lo pueden hacer, y así cómo tu has pedido y has necesitado que te perdonen otros hoy lo están pidiendo y necesitando.
2. Relativiza la situación. No puedes magnificar cada situación y dejar que el dolor te obnubile y te haga creer que ese acontecimiento lo es todo. Muchas veces son más las percepciones que tenemos de la situación que lo que objetivamente pasó. Ubicar cada situación en su tiempo, en su lugar y en nuestro proyecto de vida nos ayudará a abrirnos a vivir una experiencia de perdón.
3. Trata de comprender al que te dañó u ofendió. Estoy seguro que cada persona actúa lo más lógico y racional posible según la información y las posibilidades que tiene en ese momento. Me cuesta creer que la gente es mala por ser mala y punto. Estoy seguro que lo más probable es que si nosotros tuviéramos esas características.
4. Recuerda que quien primero se beneficia de vivir el perdón eres tú mismo. Que al perdonar quedas libres de sentimientos interiores que te dañan y te hacen infeliz. Recuerda la frase que hemos repetido una y otra vez: El resentimiento es el veneno que se toma uno para se muera el otro.
5. Pide a Dios todos los días que actúe en ti para que puedas vivir la misericordia constante con tus hermanos.
Sé que no es una fórmula mágica pero sé que nos ayuda mucho a iniciar ese proceso de perdón. Te invito a reflexionarlo y hacerlo realidad en tu vida. Compártelo con tus amigos y traten de enriquecer estas claves de vida. De hecho si en el compartir encuentras nuevas ideas compártelas conmigo en palbertojose@hotmail.com estaré atento a leerte.
Gracias por estar leyendo ese blog, para mi es muy importante sus comentarios porque me ayudan a ir retroalimentándome. Espero que se hagan fans de nuestra página. Animo. Se feliz.
1. Toma conciencia de que todos necesitamos ser perdonados. Saber que no existe nadie perfecto entre nosotros que nunca ha fallado, nos lleva a ser más proclives al perdón. Así como en más de una ocasión tú has fallado otros lo pueden hacer, y así cómo tu has pedido y has necesitado que te perdonen otros hoy lo están pidiendo y necesitando.
2. Relativiza la situación. No puedes magnificar cada situación y dejar que el dolor te obnubile y te haga creer que ese acontecimiento lo es todo. Muchas veces son más las percepciones que tenemos de la situación que lo que objetivamente pasó. Ubicar cada situación en su tiempo, en su lugar y en nuestro proyecto de vida nos ayudará a abrirnos a vivir una experiencia de perdón.
3. Trata de comprender al que te dañó u ofendió. Estoy seguro que cada persona actúa lo más lógico y racional posible según la información y las posibilidades que tiene en ese momento. Me cuesta creer que la gente es mala por ser mala y punto. Estoy seguro que lo más probable es que si nosotros tuviéramos esas características.
4. Recuerda que quien primero se beneficia de vivir el perdón eres tú mismo. Que al perdonar quedas libres de sentimientos interiores que te dañan y te hacen infeliz. Recuerda la frase que hemos repetido una y otra vez: El resentimiento es el veneno que se toma uno para se muera el otro.
5. Pide a Dios todos los días que actúe en ti para que puedas vivir la misericordia constante con tus hermanos.
Sé que no es una fórmula mágica pero sé que nos ayuda mucho a iniciar ese proceso de perdón. Te invito a reflexionarlo y hacerlo realidad en tu vida. Compártelo con tus amigos y traten de enriquecer estas claves de vida. De hecho si en el compartir encuentras nuevas ideas compártelas conmigo en palbertojose@hotmail.com estaré atento a leerte.
Gracias por estar leyendo ese blog, para mi es muy importante sus comentarios porque me ayudan a ir retroalimentándome. Espero que se hagan fans de nuestra página. Animo. Se feliz.
lunes, 8 de marzo de 2010
Realidad del alma, que me permite vivir en calma
Vivimos en una sociedad que le tiene mucho aprecio a la “mentira”, una sociedad que se ha hecho experta en “aparentar” y en “impresionar”. Se trata de mostrar de la mejor manera las cualidades y capacidades que se tienen; pero también de esconder los errores. De hecho, una de las funciones más destacadas de esta época es el “asesor de imágenes” con el que, grandes personajes, buscan impactar fuertemente a la comunidad. Eso no está mal, lo que está mal es encontrarnos con seres que usan el discurso para impresionar, pero no creen lo que dicen.
Por estos días, por ejemplo, me encuentro con una gran cantidad de personas haciendo campañas para el próximo debate político que se avecina. Todos tienen un discurso interesante y válido, nadie anuncia tener intereses egoístas de apoderarse de los recursos económicos del erario publico, ni nos cuenta que está invirtiendo tantos millones en la campaña para luego recuperarlos “como sea”. Todos se comprometen a construir una sociedad más justa e igualitaria. Pero cuando vamos a la realidad, a la práctica, nos damos cuenta de que es totalmente diferente al discurso expuesto en campaña. No se sabe dónde quedó todo lo bueno que se anunciaba y, de alguna manera, quedamos presos en los intereses personales y de las prácticas corruptas. Lo peor es que todos lo sabemos y así sigue sucediendo.
Pero esto no pasa solo en el campo político y publico, sino en lo personal y familiar también. Pocas veces he oído a alguien decir que es un adúltero, un sin-vergüenza, que compra jueces en lo pleitos o que se vende al mejor postor. Normalmente cuando hablamos, nos mostramos pulcros, irreprochables y justos. Aparentamos ser buenos y no dañar a nadie. Lo doloroso es que, cuando vamos a ver las acciones personales de estos sujetos, están totalmente distantes de lo que ha dicho. Decimos una cosa y hacemos otra. Y conjugo en plural, porque pertenezco a esta sociedad y no quiero mostrarme como el que señala, sino que quiero proponer una reflexión, pues sé que no soy un santo, reconozco que no soy más que un pecador que busca hacer las cosas bien, que no siempre lo consigue y que algunas veces dice como Pablo: “No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer” (Romanos 7,19).
¿Qué hacer? Creo que tenemos que hacer un compromiso personal con la verdad, con la justicia, con la bondad, con la honestidad. Un compromiso que tenga como testigo a Dios, y que no sea en función de “conquistar” nada ni de impresionar a nadie sino de ser mejores seres humanos y poder construir una mejor sociedad. Sé que eso nos coloca en riesgo y ya que seremos unos “bichos raros” pero es la única manera de cambiar esto. Esto va a cambiar cuando haya cambios personales verdaderos. Es la afirmación de la propuesta de Jesús de la conversión personal. Es asumir una actitud de “héroes”, de gente dispuesta a hacer definitivamente distinta y mejor.
No podemos vivir de miedos, ni quedar apresados por las lógicas de la corrupción. Tenemos que generar un movimiento nuevo desde el corazón de cada uno de nosotros; para ello, debemo asumir los riesgos y tener claro por qué estamos dispuestos a dar la vida. Me impresiona Jesús enfrentado al Sanedrín y a toda su sociedad. Me impresiona “el Hijo de María” (Marcos 6,3) quien, valientemente y asumiendo las consecuencias, toma una opción totalmente distinta a establishment del momento. Ese es nuestro modelo y a Él seguimos. Estando seguros de que eso va mucho más allá de una vida religiosa, pues supone unos compromisos existenciales bien claros con los valores del evangelio que predicó. Sí, no basta con ir a Misa y sacar la lengua para comulgar –algunas veces sin deber hacerlo- ni con orar en lenguas y alzar las manos en el culto; todo porque para vivir como Jesús nos pide es necesario un compromiso con la verdad, la justicia, la bondad y la honestidad. Necesitamos de la experiencia religiosa, pero manifestada en unas opciones éticas bien precisas.
Si usted se cree, se siente, se comprende, como alguien perfectamente bueno y va a sacar el dedo índice para señalar a alguien como malo… es mejor que haga como que no ha leído nada, que éstas líneas no son más que “pensamientos sueltos” de un cura que quiere ser santo y al que su “carne” no lo deja, alguien que todos los días lucha por ser verdadero.
Por estos días, por ejemplo, me encuentro con una gran cantidad de personas haciendo campañas para el próximo debate político que se avecina. Todos tienen un discurso interesante y válido, nadie anuncia tener intereses egoístas de apoderarse de los recursos económicos del erario publico, ni nos cuenta que está invirtiendo tantos millones en la campaña para luego recuperarlos “como sea”. Todos se comprometen a construir una sociedad más justa e igualitaria. Pero cuando vamos a la realidad, a la práctica, nos damos cuenta de que es totalmente diferente al discurso expuesto en campaña. No se sabe dónde quedó todo lo bueno que se anunciaba y, de alguna manera, quedamos presos en los intereses personales y de las prácticas corruptas. Lo peor es que todos lo sabemos y así sigue sucediendo.
Pero esto no pasa solo en el campo político y publico, sino en lo personal y familiar también. Pocas veces he oído a alguien decir que es un adúltero, un sin-vergüenza, que compra jueces en lo pleitos o que se vende al mejor postor. Normalmente cuando hablamos, nos mostramos pulcros, irreprochables y justos. Aparentamos ser buenos y no dañar a nadie. Lo doloroso es que, cuando vamos a ver las acciones personales de estos sujetos, están totalmente distantes de lo que ha dicho. Decimos una cosa y hacemos otra. Y conjugo en plural, porque pertenezco a esta sociedad y no quiero mostrarme como el que señala, sino que quiero proponer una reflexión, pues sé que no soy un santo, reconozco que no soy más que un pecador que busca hacer las cosas bien, que no siempre lo consigue y que algunas veces dice como Pablo: “No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer” (Romanos 7,19).
¿Qué hacer? Creo que tenemos que hacer un compromiso personal con la verdad, con la justicia, con la bondad, con la honestidad. Un compromiso que tenga como testigo a Dios, y que no sea en función de “conquistar” nada ni de impresionar a nadie sino de ser mejores seres humanos y poder construir una mejor sociedad. Sé que eso nos coloca en riesgo y ya que seremos unos “bichos raros” pero es la única manera de cambiar esto. Esto va a cambiar cuando haya cambios personales verdaderos. Es la afirmación de la propuesta de Jesús de la conversión personal. Es asumir una actitud de “héroes”, de gente dispuesta a hacer definitivamente distinta y mejor.
No podemos vivir de miedos, ni quedar apresados por las lógicas de la corrupción. Tenemos que generar un movimiento nuevo desde el corazón de cada uno de nosotros; para ello, debemo asumir los riesgos y tener claro por qué estamos dispuestos a dar la vida. Me impresiona Jesús enfrentado al Sanedrín y a toda su sociedad. Me impresiona “el Hijo de María” (Marcos 6,3) quien, valientemente y asumiendo las consecuencias, toma una opción totalmente distinta a establishment del momento. Ese es nuestro modelo y a Él seguimos. Estando seguros de que eso va mucho más allá de una vida religiosa, pues supone unos compromisos existenciales bien claros con los valores del evangelio que predicó. Sí, no basta con ir a Misa y sacar la lengua para comulgar –algunas veces sin deber hacerlo- ni con orar en lenguas y alzar las manos en el culto; todo porque para vivir como Jesús nos pide es necesario un compromiso con la verdad, la justicia, la bondad y la honestidad. Necesitamos de la experiencia religiosa, pero manifestada en unas opciones éticas bien precisas.
Si usted se cree, se siente, se comprende, como alguien perfectamente bueno y va a sacar el dedo índice para señalar a alguien como malo… es mejor que haga como que no ha leído nada, que éstas líneas no son más que “pensamientos sueltos” de un cura que quiere ser santo y al que su “carne” no lo deja, alguien que todos los días lucha por ser verdadero.
lunes, 1 de marzo de 2010
Fe de verdad
Cuando María -obediente a la invitación del Arcángel reconoce en los signos de la historia que para Dios no hay nada imposible- va a visitar a su prima Isabel, se encuentra con un saludo que vale la pena reflexionar: Bendita y Feliz tú, porque has creído.
Bendecir es generar vida. Entonces si alguien puede llamarse bendita es María que lleva en su vientre al Autor de la vida. Ella porta al que da vida y vida en abundancia. Es la nueva arca de la alianza.
¿Somos generadores de vida? ¿Somos portadores de vida para nuestros hermanos? Estas son preguntas que debemos hacernos quienes decimos ser creyentes y manifestamos nuestra fe a diario. Nuestras palabras, nuestras acciones, tienen que ser bendición para los demás.
Nos hemos acostumbrados a “bajarle la caña” a los otros, a buscar la manera de hacer zancadillas constantemente, a destruirlos con nuestros comportamientos, a hablar mal y creer que si a otros les va mal es sinónimo de que a nosotros nos va bien o, en el mejor de los casos, llegamos a ser totalmente indiferentes de su suerte, centrándonos de manera egoísta en nuestra tarea existencial y despreciando lo que no sea nuestro.
Todo eso hay que desterrarlo de nuestra vida para ser “benditos”, esto es, unos que bendicen, que dan a vida a los demás. La vida de un creyente transcurre por otros caminos. Amamos al otro y sabemos que, de alguna manera, su suerte está ligada a la nuestra. No soy un creyente por ser religioso. Pues conozco a más de un religioso que no cree ni en las mismas normas que cumple.
“Feliz porque has creído” ¿En el contexto del relato qué significa haber creído? Por lo menos tres cosas:
1. Se tomó en serio la Palabra dicha por el ángel, es decir, le da el sentido y la importancia que tiene, reconoce en ella un valor determinante para su vida. Sabe que no está jugando, sino es lo que Dios quiere de ella. Este es un punto importante, porque muchos de nosotros nos decimos creyentes, pero somos incapaces de tomar en serio la Palabra de Dios, creemos que con Dios se puede jugar. ¿Cuántos hacen el esfuerzo por comprender lo que Dios quiere? Tomarse en serio la Palabra es obedecer, y obedecer implica acatar aunque no se entienda mucho, aunque no se esté de acuerdo. Porque algunos quisieran convencernos de que sólo se obedece a Dios cuándo se está de acuerdo con Él, y eso equivaldría a pensar que somos quienes decidieran por Dios qué debe hacer.
2. Abandonarse en el poder dador de vida de Dios. Muchas veces me he preguntado ¿cómo asumió María todo ese riesgo de quedar embarazada así? Y la respuesta sigue siendo: porque creyó. Ella siente que la razón no da para entender lo que se le está proponiendo; pero cree en el que le habla y por eso se abandona. No sé, pero tengo dudas de que esa sea nuestra fe. Creo que, más bien, somos de los que ponemos condiciones, de los que decimos: hago eso, pero a cambio de qué. No hemos entendido que quien ama, cree al otro totalmente.
3. Confía en la fidelidad de Dios para cumplir las promesas. Miremos que todo lo que le dan a cambio son promesas. He imagino que confiar en ellas, desde siempre, ha sido un problema; mas María conoce de quién vienen esas promesas y sabe que no falla, sabe que en el pasado ha actuado en su favor y, por eso, acepta; pues sabe que Él no se muda, ni se cambia. Es fiel.
Entiendes por qué creo que no tenemos fe. Todo nos desespera, nos angustia, nos desestabiliza, nos genera angustias y preocupaciones. Se nos olvida que confiamos y creemos en Él. Vivimos cumpliendo normas religiosas, pero no tenemos una relación existencial de fe, que nos permita estar serenos, tranquilos y llenos de fuerza.
Te aseguro que si creyéramos de verdad -y ojo que estoy dudando hasta de la mía- tendríamos más paz y estuviéramos motivados siempre para salir adelante. Te invito a que tomes en serio tu experiencia religiosa, para que sirva de algo; pues una fe inútil es el peor de los negocio, es como un placebo.
www.elmanestavivo.co
Bendecir es generar vida. Entonces si alguien puede llamarse bendita es María que lleva en su vientre al Autor de la vida. Ella porta al que da vida y vida en abundancia. Es la nueva arca de la alianza.
¿Somos generadores de vida? ¿Somos portadores de vida para nuestros hermanos? Estas son preguntas que debemos hacernos quienes decimos ser creyentes y manifestamos nuestra fe a diario. Nuestras palabras, nuestras acciones, tienen que ser bendición para los demás.
Nos hemos acostumbrados a “bajarle la caña” a los otros, a buscar la manera de hacer zancadillas constantemente, a destruirlos con nuestros comportamientos, a hablar mal y creer que si a otros les va mal es sinónimo de que a nosotros nos va bien o, en el mejor de los casos, llegamos a ser totalmente indiferentes de su suerte, centrándonos de manera egoísta en nuestra tarea existencial y despreciando lo que no sea nuestro.
Todo eso hay que desterrarlo de nuestra vida para ser “benditos”, esto es, unos que bendicen, que dan a vida a los demás. La vida de un creyente transcurre por otros caminos. Amamos al otro y sabemos que, de alguna manera, su suerte está ligada a la nuestra. No soy un creyente por ser religioso. Pues conozco a más de un religioso que no cree ni en las mismas normas que cumple.
“Feliz porque has creído” ¿En el contexto del relato qué significa haber creído? Por lo menos tres cosas:
1. Se tomó en serio la Palabra dicha por el ángel, es decir, le da el sentido y la importancia que tiene, reconoce en ella un valor determinante para su vida. Sabe que no está jugando, sino es lo que Dios quiere de ella. Este es un punto importante, porque muchos de nosotros nos decimos creyentes, pero somos incapaces de tomar en serio la Palabra de Dios, creemos que con Dios se puede jugar. ¿Cuántos hacen el esfuerzo por comprender lo que Dios quiere? Tomarse en serio la Palabra es obedecer, y obedecer implica acatar aunque no se entienda mucho, aunque no se esté de acuerdo. Porque algunos quisieran convencernos de que sólo se obedece a Dios cuándo se está de acuerdo con Él, y eso equivaldría a pensar que somos quienes decidieran por Dios qué debe hacer.
2. Abandonarse en el poder dador de vida de Dios. Muchas veces me he preguntado ¿cómo asumió María todo ese riesgo de quedar embarazada así? Y la respuesta sigue siendo: porque creyó. Ella siente que la razón no da para entender lo que se le está proponiendo; pero cree en el que le habla y por eso se abandona. No sé, pero tengo dudas de que esa sea nuestra fe. Creo que, más bien, somos de los que ponemos condiciones, de los que decimos: hago eso, pero a cambio de qué. No hemos entendido que quien ama, cree al otro totalmente.
3. Confía en la fidelidad de Dios para cumplir las promesas. Miremos que todo lo que le dan a cambio son promesas. He imagino que confiar en ellas, desde siempre, ha sido un problema; mas María conoce de quién vienen esas promesas y sabe que no falla, sabe que en el pasado ha actuado en su favor y, por eso, acepta; pues sabe que Él no se muda, ni se cambia. Es fiel.
Entiendes por qué creo que no tenemos fe. Todo nos desespera, nos angustia, nos desestabiliza, nos genera angustias y preocupaciones. Se nos olvida que confiamos y creemos en Él. Vivimos cumpliendo normas religiosas, pero no tenemos una relación existencial de fe, que nos permita estar serenos, tranquilos y llenos de fuerza.
Te aseguro que si creyéramos de verdad -y ojo que estoy dudando hasta de la mía- tendríamos más paz y estuviéramos motivados siempre para salir adelante. Te invito a que tomes en serio tu experiencia religiosa, para que sirva de algo; pues una fe inútil es el peor de los negocio, es como un placebo.
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lunes, 22 de febrero de 2010
Yo te perdono: Yo
Más difícil que perdonar a alguien, que ya es de sumo bien difícil, es perdonarse a uno mismo de los errores y de las equivocaciones que hemos tenido que nos han dañado mucho. Sí, algunas veces lo que más cuesta es aceptar y perdonar que hicimos lo menos inteligente, que nos equivocamos a pesar de que todo el mundo nos advirtió el error, que todas las marcas de la vida nos llevaban a un camino o una decisión distinta. Estoy pensando en personas que eligieron a la persona equivocada y ahora no entienden cómo fue que lo hicieron y no se perdonan haber sido tan estúpidas. Pienso en las personas que pelearon y ofendieron, sin ninguna razón, a alguien que aman y que ahora están sufriendo las consecuencias de su inconsciente acción, por ejemplo. Me refiero, también, a aquellos que, por debilidad de carácter o por creer que era lo mejor, han actuado de una manera de que hoy se arrepienten. Esa falta de perdón a uno mismo se manifiesta en una tristeza, en un desgano y un volver constantemente sobre la misma situación.
Perdonarse a sí mismo es difícil pero es lo más liberador que hay. Cuando aceptamos nuestros errores y comprendemos que nos podemos amar a pesar de ellos; estamos en capacidad para comprender y aceptar los errores de los demás y, así, establecer con ellos relaciones sanas. Que me equivoqué no significa que valgo nada o que todo está perdido. Aceptar que no soy perfecto forma parte del proceso de crecimiento personal. Sé que existen personas cínicas e inconscientes que no se dan cuenta de sus errores y no crecen, ni mejoran, en sus dimensiones humanas. Pero tarde que temprano –más temprano que tarde- encontrarán el resultado de su inconsciencia. Te planteo varias ideas para reflexionar, si sientes que necesitas perdonarte.
1. Hay que vivir el presente. No puedes quedarte anclado en lo que ya pasó. Es necesario comprender que tu sentimiento es presente, pero la situación es del pasado. Esto es, sobre tu sentimiento puedes actuar; pero no sobre la situación que ya aconteció, esa no se puede variar. Esto lo digo para que caigas en cuenta de que seguir sufriendo por algo que ya no puedes variar, no es inteligente.
2. Una fuente clara de la falta de perdón uno mismo es el orgullo. Cuando nos sentimos más de lo que somos, o creemos que la felicidad está planteada en términos de perfección, y eso no es cierto. Nadie es perfecto, todos fallamos y comentemos errores. Por eso, si queremos ser felices tendremos que aceptarnos tal cual somos, asumiendo nuestra condición frágil y tratando de dar lo mejor en cada una de las acciones que realizamos. Si fallaste tienes que reconocerlo y darte cuenta de que no por ese error has perdido todo el valor que tienes.
3. Ser objetivo y darte cuenta si no perdonarte vale la pena. Muchas veces lo que nos está estancando el crecimiento es tan vano, tan inicuo, que no merece nuestra atención, ni nuestra preocupación. A veces estamos sufriendo por experiencias que ya los otros olvidaron o que no causaron todo el daño que nosotros creíamos. Analiza y pon en una balanza la situación que no te has podido perdonar, así como el daño que te ha causado no liberarte de ese sentimiento. Es probable que el daño sea demasiado grande que la situación. En la vida debemos aprender a ser objetivos y prácticos para actuar.
4. Aceptarse tal cual se es, y querer ser mejor. Sí, no hay otra, eres ese y sólo ese. ¿Para qué soñar con lo que no eres? Más bien acéptate tal cual y trata de mejorar. Esa es la única forma de crecer y de ser feliz. Asumir las fallas que se tienen y proyectarse de la mejor manera. Es descubrir que si estoy vivo es porque puedo salir adelante y ser feliz, ya que siempre tendré una nueva oportunidad.
El que no se perdona no se ama. No hay experiencias de amor que no pasen por la experiencia del perdón. El amor es real y reconoce las fallas del otro. Son el enamoramiento y el pensamiento narcisista los que nos montan en una burbuja mentirosa en la que no existen fallas, ni errores. La realidad supone fallas y tenemos que aprender a vivir con ellas y a salir adelante.
Dios siempre te perdona ¿por qué te vas a negar ese perdón? Dios siempre te da una nueva oportunidad ¿ por qué te la vas a negar?
Perdonarse a sí mismo es difícil pero es lo más liberador que hay. Cuando aceptamos nuestros errores y comprendemos que nos podemos amar a pesar de ellos; estamos en capacidad para comprender y aceptar los errores de los demás y, así, establecer con ellos relaciones sanas. Que me equivoqué no significa que valgo nada o que todo está perdido. Aceptar que no soy perfecto forma parte del proceso de crecimiento personal. Sé que existen personas cínicas e inconscientes que no se dan cuenta de sus errores y no crecen, ni mejoran, en sus dimensiones humanas. Pero tarde que temprano –más temprano que tarde- encontrarán el resultado de su inconsciencia. Te planteo varias ideas para reflexionar, si sientes que necesitas perdonarte.
1. Hay que vivir el presente. No puedes quedarte anclado en lo que ya pasó. Es necesario comprender que tu sentimiento es presente, pero la situación es del pasado. Esto es, sobre tu sentimiento puedes actuar; pero no sobre la situación que ya aconteció, esa no se puede variar. Esto lo digo para que caigas en cuenta de que seguir sufriendo por algo que ya no puedes variar, no es inteligente.
2. Una fuente clara de la falta de perdón uno mismo es el orgullo. Cuando nos sentimos más de lo que somos, o creemos que la felicidad está planteada en términos de perfección, y eso no es cierto. Nadie es perfecto, todos fallamos y comentemos errores. Por eso, si queremos ser felices tendremos que aceptarnos tal cual somos, asumiendo nuestra condición frágil y tratando de dar lo mejor en cada una de las acciones que realizamos. Si fallaste tienes que reconocerlo y darte cuenta de que no por ese error has perdido todo el valor que tienes.
3. Ser objetivo y darte cuenta si no perdonarte vale la pena. Muchas veces lo que nos está estancando el crecimiento es tan vano, tan inicuo, que no merece nuestra atención, ni nuestra preocupación. A veces estamos sufriendo por experiencias que ya los otros olvidaron o que no causaron todo el daño que nosotros creíamos. Analiza y pon en una balanza la situación que no te has podido perdonar, así como el daño que te ha causado no liberarte de ese sentimiento. Es probable que el daño sea demasiado grande que la situación. En la vida debemos aprender a ser objetivos y prácticos para actuar.
4. Aceptarse tal cual se es, y querer ser mejor. Sí, no hay otra, eres ese y sólo ese. ¿Para qué soñar con lo que no eres? Más bien acéptate tal cual y trata de mejorar. Esa es la única forma de crecer y de ser feliz. Asumir las fallas que se tienen y proyectarse de la mejor manera. Es descubrir que si estoy vivo es porque puedo salir adelante y ser feliz, ya que siempre tendré una nueva oportunidad.
El que no se perdona no se ama. No hay experiencias de amor que no pasen por la experiencia del perdón. El amor es real y reconoce las fallas del otro. Son el enamoramiento y el pensamiento narcisista los que nos montan en una burbuja mentirosa en la que no existen fallas, ni errores. La realidad supone fallas y tenemos que aprender a vivir con ellas y a salir adelante.
Dios siempre te perdona ¿por qué te vas a negar ese perdón? Dios siempre te da una nueva oportunidad ¿ por qué te la vas a negar?
miércoles, 17 de febrero de 2010
ENFRENTA A TU GOLIAT
La leyenda de David y Goliat nos presenta la actitud de un hombre creyente frente a un gran problema. Esa es la diferencia entre David y los demás hombres de Saúl. Mientras estos últimos tienen miedo a Goliat, David -fundándose en su fe y en su relación histórica con Dios- no le teme. Dos actitudes que aparecen frente a los problemas: les tememos hasta entrar en pánico frente a ellos o nos decidimos a enfrentarlos.
Creo que la primera actitud es aprendida y tiene que ver mucho con el entorno y con la sobreprotección de nuestros padres. Vivimos en una sociedad que nos enseña a tener miedo. Nuestros padres, queriéndonos proteger, casi que nos inoculan el miedo como la única herramienta para sobrevivir. En un momento de descanso entre predicación y predicación en los que ando, fui a uno de los Parques de Diversión de Orlando, Florida; y claro que ni Hulk, ni los dragones –que son montañas rusas exageradas y llenas de vértigo y velocidad- estuvieron en mi lista de visitas pues me causan cierto miedo; pero veía cómo los niños hacía filas para montarse en ellas. Pensaba que estos niños van a tener menos miedos que yo cuando tengan mi edad. Y es que uno aprende a tener más miedo del natural, por lo que hacen nuestros padres , quienes en vez de estimularnos a desafiar algunos retos nos invitan a atrincherarnos para no sufrir haciendo algunas batallas.
David no le teme a Goliat. Seguro que sabe de todo el poder de Goliat y conoce bien que está en desventaja. También seguro que ha pensado lo que va a hacer. Pero parte de saber que no puede tenerle miedo. Este Goliat representa los grandes problemas que tenemos en la vida. Los gigantes líos en los que nos metemos. Las inmensas dificultades que debemos soportar en nuestras vidas. Las temibles enfermedades que, a veces, nos visitan en nuestro cuerpo o nuestra casa. Y aunque tomemos todas las medidas pertinentes frente a estas situaciones, hay que partir desde el no-miedo para tener margen de acción y poder vencerlas. Si están ahí y no se irán, si es ineludible enfrentarlas, tienes que estar preparado.
Si miramos el texto (1Samuel 17,1-57) nos encontramos con que David parte de una confesión de fe: “Yahvé que me ha liberado de las garras de león y del oso, me librará de la mano de ese filisteo”. ¿Qué tal que todos partiéramos de esa certeza al enfrentar los problemas? David sabe que tendrá que salir al campo de batalla, tendrá que desafiarlo y enfrentarlo; pero sabe que Dios está con él y no va a dejarlo sólo. Eso es fe. Esa es la fe que necesitamos cada uno de nosotros, que cuando vemos los problemas nos declaramos deprimidos, derrotados, acabados y decimos que no podemos hacer nada. David sabe para qué está Dios en su corazón. Sabe que Dios se manifiesta a través de su fuerza poderosa en el corazón del que cree y lo impulsa a ser un vencedor.
También vemos que responde con destreza e inteligencia ante la situación: “Tomó su cayado en la mano, cogió en el torrente cinco piedras lizas y los puso en su zurrón de pastor, en su moral. Y con su honda en la mano se acercó al filisteo. El filisteo fue avanzado y acercándose a David, precedido de su escudero. Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David, lo despreció, porque era un muchacho rubio y apuesto… David salió rápidamente de las filas al encuentro del filisteo. Metió su mano David en el zurrón sacó de él una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra cayó de bruces en tierra”. Confía en Dios, pero sabe lo que hace. Esto es, actúa con inteligencia. Muchas personas con un actitud fanática no se preparan para el combate, ni usan las herramientas que Dios -a través de la ciencia le ha dado a los hombres para enfrentar sus males-sino que quiere que todo se lo resuelva el Señor ¡No! Este es un buen tirador de piedra. Conoce la técnica y la usa de la mejor manera. Sabe que puede afectar con un buen lanzamiento al Gigante y así lo hace. Eso debemos hacer para enfrentar los problemas. Tenemos que echar mano de lo que Dios nos ha puesto a nuestro alrededor. Hay que ir al médico, al psicólogo, al abogado, a quien corresponda para aprender cómo puedo responder a ese problema, a esa enfermedad.
Estamos decididos a vencerlo en el nombre de Dios y buscamos todas las herramientas que Dios nos ha dado para hacerlo. Es importante tener clara está combinación para enfrentar las situaciones difíciles. No tengamos miedo, pero tampoco seamos fanáticos.
No sé cuál sea tu Goliat hoy, pero lo que sí sé es que con tu fe y con la inteligencia que Dios ha puesto en tu vida lo puedes vencer. Te bendigo y pido a Yahvé que esté siempre contigo.
Creo que la primera actitud es aprendida y tiene que ver mucho con el entorno y con la sobreprotección de nuestros padres. Vivimos en una sociedad que nos enseña a tener miedo. Nuestros padres, queriéndonos proteger, casi que nos inoculan el miedo como la única herramienta para sobrevivir. En un momento de descanso entre predicación y predicación en los que ando, fui a uno de los Parques de Diversión de Orlando, Florida; y claro que ni Hulk, ni los dragones –que son montañas rusas exageradas y llenas de vértigo y velocidad- estuvieron en mi lista de visitas pues me causan cierto miedo; pero veía cómo los niños hacía filas para montarse en ellas. Pensaba que estos niños van a tener menos miedos que yo cuando tengan mi edad. Y es que uno aprende a tener más miedo del natural, por lo que hacen nuestros padres , quienes en vez de estimularnos a desafiar algunos retos nos invitan a atrincherarnos para no sufrir haciendo algunas batallas.
David no le teme a Goliat. Seguro que sabe de todo el poder de Goliat y conoce bien que está en desventaja. También seguro que ha pensado lo que va a hacer. Pero parte de saber que no puede tenerle miedo. Este Goliat representa los grandes problemas que tenemos en la vida. Los gigantes líos en los que nos metemos. Las inmensas dificultades que debemos soportar en nuestras vidas. Las temibles enfermedades que, a veces, nos visitan en nuestro cuerpo o nuestra casa. Y aunque tomemos todas las medidas pertinentes frente a estas situaciones, hay que partir desde el no-miedo para tener margen de acción y poder vencerlas. Si están ahí y no se irán, si es ineludible enfrentarlas, tienes que estar preparado.
Si miramos el texto (1Samuel 17,1-57) nos encontramos con que David parte de una confesión de fe: “Yahvé que me ha liberado de las garras de león y del oso, me librará de la mano de ese filisteo”. ¿Qué tal que todos partiéramos de esa certeza al enfrentar los problemas? David sabe que tendrá que salir al campo de batalla, tendrá que desafiarlo y enfrentarlo; pero sabe que Dios está con él y no va a dejarlo sólo. Eso es fe. Esa es la fe que necesitamos cada uno de nosotros, que cuando vemos los problemas nos declaramos deprimidos, derrotados, acabados y decimos que no podemos hacer nada. David sabe para qué está Dios en su corazón. Sabe que Dios se manifiesta a través de su fuerza poderosa en el corazón del que cree y lo impulsa a ser un vencedor.
También vemos que responde con destreza e inteligencia ante la situación: “Tomó su cayado en la mano, cogió en el torrente cinco piedras lizas y los puso en su zurrón de pastor, en su moral. Y con su honda en la mano se acercó al filisteo. El filisteo fue avanzado y acercándose a David, precedido de su escudero. Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David, lo despreció, porque era un muchacho rubio y apuesto… David salió rápidamente de las filas al encuentro del filisteo. Metió su mano David en el zurrón sacó de él una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra cayó de bruces en tierra”. Confía en Dios, pero sabe lo que hace. Esto es, actúa con inteligencia. Muchas personas con un actitud fanática no se preparan para el combate, ni usan las herramientas que Dios -a través de la ciencia le ha dado a los hombres para enfrentar sus males-sino que quiere que todo se lo resuelva el Señor ¡No! Este es un buen tirador de piedra. Conoce la técnica y la usa de la mejor manera. Sabe que puede afectar con un buen lanzamiento al Gigante y así lo hace. Eso debemos hacer para enfrentar los problemas. Tenemos que echar mano de lo que Dios nos ha puesto a nuestro alrededor. Hay que ir al médico, al psicólogo, al abogado, a quien corresponda para aprender cómo puedo responder a ese problema, a esa enfermedad.
Estamos decididos a vencerlo en el nombre de Dios y buscamos todas las herramientas que Dios nos ha dado para hacerlo. Es importante tener clara está combinación para enfrentar las situaciones difíciles. No tengamos miedo, pero tampoco seamos fanáticos.
No sé cuál sea tu Goliat hoy, pero lo que sí sé es que con tu fe y con la inteligencia que Dios ha puesto en tu vida lo puedes vencer. Te bendigo y pido a Yahvé que esté siempre contigo.
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