Durante la pasada Feria del Libro compartí con todos los posibles lectores mi último texto: “Señor, ahoga mi dolor”. Tuve la fortuna, por la amabilidad de lectores, de tener una gran acogida. En este texto puedes encontrar reflexiones espirituales que buscan ayudarte a superar el dolor que la condición humana te hace vivir. Todas estas reflexiones tienen un sabor muy existencial -y en algunos momentos hasta autobiográfico. No son fórmulas mágicas, pero sí itinerarios que podemos seguir para superar, con la ayuda de Dios, el dolor que tantas situaciones nos producen.
Cada una de esas reflexiones va acompañado de un Cd en el que hay 10 canciones que el Señor me regaló en momentos de oración que puedo compartir con ustedes gracias a Alfredo Acosta, quien hizo los arreglos musicales, y a otros amigos como Javier Echeverría, Ambiorix Padilla, Rafael Moreno, etc., quienes pusieron sus voces para cantarlas ungidamente. También hay algunas oraciones de las cuales quiero compartir esta:
Señor, Dios grande y poderoso, Tú que eres el que dirige la historia recibe mi plegaria en este momento, quiero hablarte de lo que tengo dentro de mi corazón, tengo dudas, no sé qué hacer, no sé cómo seguir adelante. Me hace falta luz para poder dar los pasos que me conduzcan a la situación que requiero para ser feliz. Por eso estoy aquí delante de Ti, porque necesito de tu claridad, de tu luz, de tu amor. Necesito, Señor, que en este momento me hagas sentir que es lo mejor para mi. Sabes que no he comprendido bien todo lo que me ha sucedido, sabes que tengo miedo, preocupaciones y sobre todo una inseguridad interior de que es lo que tengo que hacer… por eso estoy aquí, mi Dios, porque sé que Tú me puedes ayudar a tener claridad en mi vida.
Quiero, Señor, hacer lo que es bueno para mi vida, lo que me ayude a crecer, a salir adelante. Te pido que me dejes tener claro que es lo que me conviene, que no me deje obnubilar por las luces del mundo, por la seguridad que el mundo nos brinda en sus propuestas, que mi decisión no esté manipulado por el poder, la fama, el placer que con sus garras tratan de apoderase de mi corazón. Que tampoco, mi Dios, esté presente la envidia, el resentimiento ni el odio en mi corazón a la hora de tomar decisiones. Que no haya miedo e indecisión que esté seguro de tu amor y de ti y de lo que quieres para mí.
Te suplico, Señor grande y poderoso, que me hagas consciente de las marcas de tu voluntad que hay en mi vida, que me dejes escuchar el susurro que pronuncias para orientarme, que pueda sentir el impulso que me das todo los días para hacer lo que tengo que hacer. Si, mi Dios dame la oportunidad de poderte sentir, experimentar, saber en mi vida. No quiero manifestaciones marcadas por la expectativa de Hollywood, no pido acciones portentosas, pido que me des en la conciencia de mi ser, en lo profundo de mi corazón la certeza de lo que tengo que hacer.
Sé que puedes. Sé que me amas y que me puedes dar esas claves que requiero para saber actuar y saber tomar la mejor decisión. Te agradezco que me muestres el camino, que vea los signos que has colocado y que Tu luz ilumine todo mi ser. Estoy seguro que contigo lo puedo todo y lo hago todo. Ayúdame a comprender cada una de las situaciones que están a mi alrededor y que me hacen sufrir generándome sentimientos de dolor, de tristeza, de miedo… que pueda comprender que esas situaciones no me van a destruir, porque he sido llamado por Ti a ser un vencedor, que puedo salir adelante, que le puedo ganar a todos los problemas si estando en sintonía contigo. Te pido que me des mucha paz, mucha serenidad, oh Dios.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
Fe y Victoria… ¿qué son?
Hay una afirmación que me llene de ánimo siempre que la leo: “Todo es posible para el que cree”. (Marcos 9,23). Me animo porque sale de la boca de Jesús ante la petición-pregunta del papá de un niño epiléptico “Por eso si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. Es el poder de la fe. Es entender que creer en Dios nos da posibilidades que desbordan nuestra imaginación. La fe supera toda limitación. La fe es confiar en el poder de Dios que no tiene límites porque Dios es el absoluto. Cuando depositamos nuestra vida en sus manos ya no estamos simplemente confiando en lo nosotros, seres finitos, podemos hacer, sino que estamos confiando en Aquel para quien todo es posible (Marcos 10,27).
Esa afirmación que hace Jesús a este hombre debe generarnos una actitud optimista y decidida en nuestras vidas. Nosotros somos gente de fe, creemos en el poder de Dios y estamos siempre clamando a Él por nuestro bienestar; pues entonces, a partir de ahora, tenemos que ser capaces de no ponerle límites a su acción y confiar plenamente en su actuación. Sé que muchas veces olvidamos quién es Dios y cuál es su naturaleza, tratándolo como si fuera uno de nosotros. Poniéndole unos límites que Él no tiene.
Hoy quiero invitarte a pensar en el poder de la fe, a creer que con fe y trabajo lo puedes conseguir todo. Si crees eso, podrás salir hoy a trabajar, a luchar, a compartir la vida con los demás hermanos, lleno de una actitud bien optimista que te hará capaz de cumplir todas las metas que te has propuesto.
Es necesario confiar y creer en el poder de Dios para vencer ese negativismo que, como una epidemia, busca contagiar a todos los que con el corazón abierto quieren construir la vida. Estoy convencido de que puedes salir adelante y vencer las dificultades que tienes. Pero debes hacer crecer tu fe, tienes que pedirle al Señor que te haga crecer en la fe: “Creo; pero ayuda mi falta de fe”. No vas a seguir llorando, ni creyendo que todo está perdido, vas a creer en el poder de Dios y vas a luchar para salir adelante.
Ahora, esto no puede entenderse desde el fanatismo. El poder de la fe necesita de nuestra fuerza; no sólo de ella, pues Dios está actuando también, pero requiere que tengamos una militancia y un compromiso decidido. Esto lo digo porque muchos ahora piensan que basta con creer sin actuar y eso no es cierto. Hay que actuar, salir de nosotros, buscar al Señor, tomar conciencia de nuestro problema-incapacidad y plantearlo frente al Señor, siendo conscientes de que tenemos que salir adelante. No olvidemos que el poder de la fe, a veces, nos lleva también a aceptar lo que no nos gusta, pero que es válido en el plan de Dios. No podemos negarnos a la derrota y al fracaso pues estos forman parte de la vida y nos ayudan a crecer y a ser mejores.
No podemos entender la fe como una victoria continua, sin ninguna dificultad. Eso no pasa en nada que sea humano. En la realidad siempre hay dolores y tristezas. Teniendo claro que éstas circunstancias nos ayudan a ser mejores cada día, asumamos la existencia con fe. Y es que son los vientos en contra quienes nos permiten, gracias a la fuerza aerodinámica, despegar para volar bien alto.
Cuando veo a los jugadores de fútbol hacer una ronda en la mitad de la cancha y orar; me pregunto si le estarán diciendo a Dios que aceptan la derrota, que también les ayuda a ser mejores. Seguro que sólo dicen que quieren ganar. Y allí sí no sé qué hace Dios porque es muy seguro que los dos equipos estén haciendo la misma petición. El poder de la fe es sólo victoria; pues algunas veces esa victoria pasa por la derrota, no lo olvidemos.
Esto nos deja claro que no podemos entrar en crisis de fe porque aquellos que pedimos a Dios, no nos lo concede. Pues de fe entiende que esa posibilidad también forma parte de la condición humana. Los que sólo quieren que todo salga como lo desean o lo planearon, no tienen fe; sino que están tratando de manipular a Dios.
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Esa afirmación que hace Jesús a este hombre debe generarnos una actitud optimista y decidida en nuestras vidas. Nosotros somos gente de fe, creemos en el poder de Dios y estamos siempre clamando a Él por nuestro bienestar; pues entonces, a partir de ahora, tenemos que ser capaces de no ponerle límites a su acción y confiar plenamente en su actuación. Sé que muchas veces olvidamos quién es Dios y cuál es su naturaleza, tratándolo como si fuera uno de nosotros. Poniéndole unos límites que Él no tiene.
Hoy quiero invitarte a pensar en el poder de la fe, a creer que con fe y trabajo lo puedes conseguir todo. Si crees eso, podrás salir hoy a trabajar, a luchar, a compartir la vida con los demás hermanos, lleno de una actitud bien optimista que te hará capaz de cumplir todas las metas que te has propuesto.
Es necesario confiar y creer en el poder de Dios para vencer ese negativismo que, como una epidemia, busca contagiar a todos los que con el corazón abierto quieren construir la vida. Estoy convencido de que puedes salir adelante y vencer las dificultades que tienes. Pero debes hacer crecer tu fe, tienes que pedirle al Señor que te haga crecer en la fe: “Creo; pero ayuda mi falta de fe”. No vas a seguir llorando, ni creyendo que todo está perdido, vas a creer en el poder de Dios y vas a luchar para salir adelante.
Ahora, esto no puede entenderse desde el fanatismo. El poder de la fe necesita de nuestra fuerza; no sólo de ella, pues Dios está actuando también, pero requiere que tengamos una militancia y un compromiso decidido. Esto lo digo porque muchos ahora piensan que basta con creer sin actuar y eso no es cierto. Hay que actuar, salir de nosotros, buscar al Señor, tomar conciencia de nuestro problema-incapacidad y plantearlo frente al Señor, siendo conscientes de que tenemos que salir adelante. No olvidemos que el poder de la fe, a veces, nos lleva también a aceptar lo que no nos gusta, pero que es válido en el plan de Dios. No podemos negarnos a la derrota y al fracaso pues estos forman parte de la vida y nos ayudan a crecer y a ser mejores.
No podemos entender la fe como una victoria continua, sin ninguna dificultad. Eso no pasa en nada que sea humano. En la realidad siempre hay dolores y tristezas. Teniendo claro que éstas circunstancias nos ayudan a ser mejores cada día, asumamos la existencia con fe. Y es que son los vientos en contra quienes nos permiten, gracias a la fuerza aerodinámica, despegar para volar bien alto.
Cuando veo a los jugadores de fútbol hacer una ronda en la mitad de la cancha y orar; me pregunto si le estarán diciendo a Dios que aceptan la derrota, que también les ayuda a ser mejores. Seguro que sólo dicen que quieren ganar. Y allí sí no sé qué hace Dios porque es muy seguro que los dos equipos estén haciendo la misma petición. El poder de la fe es sólo victoria; pues algunas veces esa victoria pasa por la derrota, no lo olvidemos.
Esto nos deja claro que no podemos entrar en crisis de fe porque aquellos que pedimos a Dios, no nos lo concede. Pues de fe entiende que esa posibilidad también forma parte de la condición humana. Los que sólo quieren que todo salga como lo desean o lo planearon, no tienen fe; sino que están tratando de manipular a Dios.
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martes, 10 de agosto de 2010
Es promesa cumplida
Por estos días he vuelto a re-leer algunos textos del libro de Jeremías, que es uno de los profetas que me encanta por su tono existencial, por toda la frustración y el sufrimiento que padece a causa de cumplir su misión de anunciar la Palabra de Dios: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste, y me venciste. Yo era motivo de risa todo el día, todos se burlaban de mi. Si hablo, es a gritos, clamando ¡Violencia, destrucción¡ La Palabra del Señor se me volvió insulta y burla constante, y me dije: no me acordaré de él y no hablaré más en su Nombre” (Jeremías 20, 7-9). Así de sentidas y de dolorosas son sus expresiones cuando comprueba que al anunciar la Palabra de Dios queda enfrentado a todos, siendo objeto del ataque de aquellos a los que le está anunciando su bien.
Imagino el sufrimiento de este hombre y pienso en tantas personas que hoy viven la misma contradicción interna: que al declarar lo que es justo, lo que es bueno, lo que es verdadero, terminan atacados, perseguidos y objetos de burla. También pienso en todos aquellos que viven su misión, su vocación existencial en cualquier ámbito y tienen que soportar contrariedades, adversidades, que les llevan a preguntarse si están haciendo lo correcto.
Jeremías, quiere dejar de hacer su trabajo, su misión, abandonarlo todo; pero se encuentra con que la fuerza de Dios es más grande que él: “no me acordaré de él, no hablaré más en su Nombre, pero sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos: hacía esfuerzos por contenerla y no podía”. Es terrible darlo todo de sí para hacer el trabajo y obtener como resultado insultos, peleas, conflictos, desatención.
A Jeremías la crisis lo lleva a expresarse de manera muy pesimista: “¡Maldito el día en que nací, el día que mi made me dio a luz no sea bendito! (20, 14). Hasta allá lo ha llevado la situación, hasta no encontrarle sentido a la vida, hasta creer que no vale la pena vivir. Estoy seguro de que muchos que atraviesan situaciones duras y complicadas en su vida pueden sentirse identificados con este profeta; y quisiera contarles que, a pesar de estos sentimientos, él no se rinde, ni abandona su misión, ni se convierte a la lógica del mal, ni deja que lo venzan sus enemigos.
Confía en el Dios que lo ha llamado y que siente presente en su corazón; se mantiene firme en su fe y sigue dando la batalla: “El señor está conmigo como valiente soldado, mis perseguidores tropezarán y no me vencerán”. Se mantiene esperanzado en el Señor, porque sabe que no abandona a su gente y siempre saca adelante al que ha confiado en Él. Su esperanza se basa en la fidelidad de Dios, sabe que es fiel y responde con victoria a la fidelidad de los hombres.
La razón que encuentra para seguir creyendo y luchando a pesar de todo, es el amor de Dios. Seguro que las palabras de esperanza proclamadas al pueblo de parte de Dios:“Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi lealtad y te reconstruiré y quedarás constituido…” las cree y las hace suyas en lo profundo de su corazón.
Claro, nosotros, a pesar de todo, no nos vamos a dar por vencidos, pues sabemos que Dios nos ama con amor eterno y no nos va a dejar perecer. ¡Y eso que Jeremías no conoció a Jesucristo! Qué tal nosotros que hemos visto cómo responde con Resurrección y Vida el Padre a todo aquel que se deposita en su manos y se hace obediente a su Voluntad.
¡Hey! No es tiempo para abandonar, ni para decir que todo está perdido. Es tiempo de misericordia, de esperanza, de seguir luchando y creyendo, no dejemos que el mal nos convierta a su lógica y nos venza. Vamos a seguir en pie de lucha. Dejemos que la Palabra de Dios a Jeremías nos siga guiando: “Convertiré su tristeza en gozo, los consolaré y aliviaré sus penas”.
Sí, mi Dios, eso queremos que se cumpla, que esa promesa se haga realidad en nuestra vida para disfrutar los frutos de todo lo que hemos luchado y trabajado. Gozando lo que Tú, desde tu gratuidad, nos haz concedido. No vamos a maldecir, sino a confiar y a estar seguros del triunfo. Por esto, quiero terminar esta reflexión de hoy, invitándote a estar más alegre, más contento y más dispuesto a pesar de todo lo que vives, porque la Palabra que Jeremías nos anuncia -de parte de Dios- se cumplirá.
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Imagino el sufrimiento de este hombre y pienso en tantas personas que hoy viven la misma contradicción interna: que al declarar lo que es justo, lo que es bueno, lo que es verdadero, terminan atacados, perseguidos y objetos de burla. También pienso en todos aquellos que viven su misión, su vocación existencial en cualquier ámbito y tienen que soportar contrariedades, adversidades, que les llevan a preguntarse si están haciendo lo correcto.
Jeremías, quiere dejar de hacer su trabajo, su misión, abandonarlo todo; pero se encuentra con que la fuerza de Dios es más grande que él: “no me acordaré de él, no hablaré más en su Nombre, pero sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos: hacía esfuerzos por contenerla y no podía”. Es terrible darlo todo de sí para hacer el trabajo y obtener como resultado insultos, peleas, conflictos, desatención.
A Jeremías la crisis lo lleva a expresarse de manera muy pesimista: “¡Maldito el día en que nací, el día que mi made me dio a luz no sea bendito! (20, 14). Hasta allá lo ha llevado la situación, hasta no encontrarle sentido a la vida, hasta creer que no vale la pena vivir. Estoy seguro de que muchos que atraviesan situaciones duras y complicadas en su vida pueden sentirse identificados con este profeta; y quisiera contarles que, a pesar de estos sentimientos, él no se rinde, ni abandona su misión, ni se convierte a la lógica del mal, ni deja que lo venzan sus enemigos.
Confía en el Dios que lo ha llamado y que siente presente en su corazón; se mantiene firme en su fe y sigue dando la batalla: “El señor está conmigo como valiente soldado, mis perseguidores tropezarán y no me vencerán”. Se mantiene esperanzado en el Señor, porque sabe que no abandona a su gente y siempre saca adelante al que ha confiado en Él. Su esperanza se basa en la fidelidad de Dios, sabe que es fiel y responde con victoria a la fidelidad de los hombres.
La razón que encuentra para seguir creyendo y luchando a pesar de todo, es el amor de Dios. Seguro que las palabras de esperanza proclamadas al pueblo de parte de Dios:“Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi lealtad y te reconstruiré y quedarás constituido…” las cree y las hace suyas en lo profundo de su corazón.
Claro, nosotros, a pesar de todo, no nos vamos a dar por vencidos, pues sabemos que Dios nos ama con amor eterno y no nos va a dejar perecer. ¡Y eso que Jeremías no conoció a Jesucristo! Qué tal nosotros que hemos visto cómo responde con Resurrección y Vida el Padre a todo aquel que se deposita en su manos y se hace obediente a su Voluntad.
¡Hey! No es tiempo para abandonar, ni para decir que todo está perdido. Es tiempo de misericordia, de esperanza, de seguir luchando y creyendo, no dejemos que el mal nos convierta a su lógica y nos venza. Vamos a seguir en pie de lucha. Dejemos que la Palabra de Dios a Jeremías nos siga guiando: “Convertiré su tristeza en gozo, los consolaré y aliviaré sus penas”.
Sí, mi Dios, eso queremos que se cumpla, que esa promesa se haga realidad en nuestra vida para disfrutar los frutos de todo lo que hemos luchado y trabajado. Gozando lo que Tú, desde tu gratuidad, nos haz concedido. No vamos a maldecir, sino a confiar y a estar seguros del triunfo. Por esto, quiero terminar esta reflexión de hoy, invitándote a estar más alegre, más contento y más dispuesto a pesar de todo lo que vives, porque la Palabra que Jeremías nos anuncia -de parte de Dios- se cumplirá.
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domingo, 18 de julio de 2010
LECCIONES DE VIDA
Me aterro de todo lo que he aprendido. A veces me sumerjo en mis recuerdos y viajo hasta las polvorientas calles del Barrio Olivo en Santa Marta. Y me veo como un niño que en medio de los juegos –todos ellos marcados por el ejercicio físico y la compañía de otros niños- pues me encantaba jugar a la Libertad que también se le llamaba 4 - 8 y 12, esos juegos que nos hacían salvadores de los demás.
Y recuerdo las dificultades típicas de mi ciudad que no tenía un acueducto que pudiera servirnos y tocaba tener albercas en las puertas y una motobomba para subir el agua dentro de la casa; mientras que los menos afortunados debíamos hacerlo a pulso con algunos galones de latas de aceite. Recuerdo los regaños y advertencias de mi mamá –ella se gradúo conmigo y con mi hermano Álvaro Antonio en ‘chancletoterapia’, era la época en la que todavía o nos traumatizábamos por estas prácticas- como de las idas al Eduardo Santos a ver al Ciclón… que pocas veces soplaba y que, desde esa época, me dio las mejores clases de sufrimiento que he recibido en mi vida…
Llegan recuerdos y memorias de tantas otras lindas experiencias en las que iba aprendiendo a conocer la vida, a conocerme y a conocer a los ‘otros’. Aprendí mucho. Creo que fue allí donde aprendí a vivir, realmente. Fue donde aprendí los valores que hoy orientan mi proyecto vital y los conceptos básicos que como ejes sostienen mi existencia. Luego, en el Seminario, la Javeriana, la Norte, los Andes, lo que he hecho es comprender, teorizar, conceptualizar, todo ese cúmulo de aprendizajes que la vida me ha enseñado y, de alguna manera, a saber que todo eso no podemos dejar de aprender.
En esos primeros años de vida lo que hacemos es aprender y aprender ya que de alguna manera nacemos indefensos frente la naturaleza misma, Arnold Ghelen ya nos había hablado de la capacidad infinita de aprendizaje que tiene el hombre y como según él, con ella puede adquirir de la naturaleza lo que a él le falta de inseguridad innata para poder adaptarnos a la realidad. Es decir, somos seres que con el aprendizaje equilibramos nuestros nacer ‘inapto’ para la vida misma.
Lo ideal es no dejar de aprender, estar siempre en la actitud de reflexionar cada una de las situaciones y ver qué podemos aprender de ellas. Esto es, cada experiencia que tenemos debe ser motivo de análisis, de reflexión y una oportunidad de crecimiento.
Tengo la claridad que lección que no aprendemos, se repite con mayor dureza. La vida es una buena maestra; pero exige que nosotros seamos buenos alumnos. Es valioso estar abiertos a seguir aprendiendo o reafirmar los conocimientos que tenemos, pero es necesario que tengamos la habilidad suficiente para entresacar de cada situación una lección de vida.
Muchos se pasan la vida sin aprender a vivir. Y tienen que ver cómo ella les cobra en cada situación su incapacidad. Es fundamental para la felicidad que no repitamos materias en el curso de la vida. Ser tan buenos alumnos que respondamos bien a las lecciones que la vida nos da y así estemos listos para la próxima ocasión.
Me duele cuando encuentro personas que se tropiezan una y otra vez con la misma piedra, y me pregunto ¿acaso no han aprendido a levantar el pie? y la respuesta es categórica: NO. Ahora, el aprendizaje de la vida no es siempre proporcional al aprendizaje de la academia. Es probable encontrarse con gente que tiene muchos títulos y prestigio académico pero no sabe vivir, no es feliz, ni permite que quienes estén a su alrededor sean felices. Lo cual nos lleva a tener claro que los ‘cartones’ que dan las universidades y nos acreditan como profesionales en una determinada actividad, no nos acreditan como seres que saben vivir y son felices.
Seguro que muchas de estas situaciones están en la infancia. Este espacio tan valioso para el aprendizaje está marcado por la soledad, por la distancia, por el egoísmo y, sobre todo, por falta de maestros que ayuden a hacer las respectivas retroalimentaciones y reflexiones que permitan el aprendizaje.
Por eso, no me extraña que algunos se sigan rajando en el curso de la vida, pues en la infancia -espacio primordial para aprender- no lo hicieron… tal vez, aprendieron otras cosas que sirven para las posiciones sociales, pero no para vivir felices.
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Y recuerdo las dificultades típicas de mi ciudad que no tenía un acueducto que pudiera servirnos y tocaba tener albercas en las puertas y una motobomba para subir el agua dentro de la casa; mientras que los menos afortunados debíamos hacerlo a pulso con algunos galones de latas de aceite. Recuerdo los regaños y advertencias de mi mamá –ella se gradúo conmigo y con mi hermano Álvaro Antonio en ‘chancletoterapia’, era la época en la que todavía o nos traumatizábamos por estas prácticas- como de las idas al Eduardo Santos a ver al Ciclón… que pocas veces soplaba y que, desde esa época, me dio las mejores clases de sufrimiento que he recibido en mi vida…
Llegan recuerdos y memorias de tantas otras lindas experiencias en las que iba aprendiendo a conocer la vida, a conocerme y a conocer a los ‘otros’. Aprendí mucho. Creo que fue allí donde aprendí a vivir, realmente. Fue donde aprendí los valores que hoy orientan mi proyecto vital y los conceptos básicos que como ejes sostienen mi existencia. Luego, en el Seminario, la Javeriana, la Norte, los Andes, lo que he hecho es comprender, teorizar, conceptualizar, todo ese cúmulo de aprendizajes que la vida me ha enseñado y, de alguna manera, a saber que todo eso no podemos dejar de aprender.
En esos primeros años de vida lo que hacemos es aprender y aprender ya que de alguna manera nacemos indefensos frente la naturaleza misma, Arnold Ghelen ya nos había hablado de la capacidad infinita de aprendizaje que tiene el hombre y como según él, con ella puede adquirir de la naturaleza lo que a él le falta de inseguridad innata para poder adaptarnos a la realidad. Es decir, somos seres que con el aprendizaje equilibramos nuestros nacer ‘inapto’ para la vida misma.
Lo ideal es no dejar de aprender, estar siempre en la actitud de reflexionar cada una de las situaciones y ver qué podemos aprender de ellas. Esto es, cada experiencia que tenemos debe ser motivo de análisis, de reflexión y una oportunidad de crecimiento.
Tengo la claridad que lección que no aprendemos, se repite con mayor dureza. La vida es una buena maestra; pero exige que nosotros seamos buenos alumnos. Es valioso estar abiertos a seguir aprendiendo o reafirmar los conocimientos que tenemos, pero es necesario que tengamos la habilidad suficiente para entresacar de cada situación una lección de vida.
Muchos se pasan la vida sin aprender a vivir. Y tienen que ver cómo ella les cobra en cada situación su incapacidad. Es fundamental para la felicidad que no repitamos materias en el curso de la vida. Ser tan buenos alumnos que respondamos bien a las lecciones que la vida nos da y así estemos listos para la próxima ocasión.
Me duele cuando encuentro personas que se tropiezan una y otra vez con la misma piedra, y me pregunto ¿acaso no han aprendido a levantar el pie? y la respuesta es categórica: NO. Ahora, el aprendizaje de la vida no es siempre proporcional al aprendizaje de la academia. Es probable encontrarse con gente que tiene muchos títulos y prestigio académico pero no sabe vivir, no es feliz, ni permite que quienes estén a su alrededor sean felices. Lo cual nos lleva a tener claro que los ‘cartones’ que dan las universidades y nos acreditan como profesionales en una determinada actividad, no nos acreditan como seres que saben vivir y son felices.
Seguro que muchas de estas situaciones están en la infancia. Este espacio tan valioso para el aprendizaje está marcado por la soledad, por la distancia, por el egoísmo y, sobre todo, por falta de maestros que ayuden a hacer las respectivas retroalimentaciones y reflexiones que permitan el aprendizaje.
Por eso, no me extraña que algunos se sigan rajando en el curso de la vida, pues en la infancia -espacio primordial para aprender- no lo hicieron… tal vez, aprendieron otras cosas que sirven para las posiciones sociales, pero no para vivir felices.
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martes, 29 de junio de 2010
Imitar Vs Originalidad, el duelo mundialista
El mundial -que para mí ha tenido un bajo nivel y me cuestiona si vale la pena tanta expectativa que se genera en torno suyo para ver esto que se está viendo- me ha dejado una misma lección de vida, en dos realidades distintas. Es necesario ser auténtico y tratar de desarrollarse tratando de ser el mejor yo posible.
Esto lo digo pensando en las selecciones africanas, que han hecho todo el esfuerzo por parecerse al fútbol europeo y terminaron perdiendo aquello que los caracteriza y debería hacerlos fuertes. Los que nos sentimos negros, sabemos que lo característico es la ‘pimienta’ con la que vivimos, el sabor que se le pone a cada situación y la inspiración siempre dispuesta a la repentización que se tiene.
Sin embargo, desde hace algún tiempo, con la llegada de técnicos europeos, se está haciendo lo posible para que los africanos terminen jugando “a la europea”, exigiéndole -a su desarrollo futbolístico- habilidades y características de juego que no tienen y que les va a costar tener. El resultado: casi todas sus selecciones eliminadas en primera ronda –sólo se mantiene la de Gahna, que, precisamente, es la que más respeta sus raíces-.
Eso pasa en la vida, pues son muchos los que quieren parecerse a otros y entonces tratan de “imitar” características de vida que no pueden tener y acaban sufriendo y haciendo sufrir a todos los que están su alrededor; porque la amargura y la tristeza se apoderan de sus días. Se terminan dilapidando una gran cantidad de capacidades, de cualidades y siendo mediocres en la asunción de otras que no forman parte de su ‘sí-mismo’.
El otro caso -totalmente opuesto- es el de Paraguay. Este equipo está diseñado desde lo que son y lo que tienen sus jugadores. Si nos damos cuenta no sueña jugar, ni como Chile, ni como Brasil, ni mucho menos como Argentina.
Tienen un estilo que los caracteriza. Y que está respaldado por su fenotipo. Son organizados, no en función de lo que ‘otros’ hacen, sino que desde sus cualidades. Así elaboran un plan de juego interesante. Sus delanteros presionan en la salida de la defensa contraria, juegan largo y frontal, levantan la pelota en el área buscando siempre el cabezazo y juegan al contragolpe. Eso los ha caracterizado siempre y es así desde donde quieren hacer realidad su éxito.
Creo que esa es la lección más grande para nosotros: tenemos que proyectar nuestros objetivos y sueños conociendo nuestra realidad y sabiendo hasta dónde podemos llegar. Se trata de querer parecerse a uno mismo, eso sí, el mejor sí-mismo posible.
Para que no estemos imitando a nadie, ni gastando recursos en lo que es suntuoso. Si aprendemos a vivir así, no sólo tendremos más posibilidades de éxito; sino que, además, nos hará vivir felices, porque nada nos hace más feliz que ser lo que realmente somos.
Lástima que muchos estén tratando de ser iguales a otros y gasten su tiempo envidiando o sufriendo por lo que aquellos hacen. Hoy debemos aprender a gozarnos nuestras capacidades y a tratar de mejorar frente a ellas.
Sabiendo que les debemos dedicar más tiempo. John Max Well dice que para triunfar debemos dedicar el tiempo a nuestras características de la siguiente manera: 75% del tiempo a nuestras cualidades, 20 % a características nuevas que debiéramos trabajar y aprender… y sólo un 5% a nuestras debilidades. Estoy seguro de que, a más de uno, ésta distribución le cuesta aceptarla; porque regularmente estamos más atento a las debilidades y carencias, que a las capacidades o potencialidades.
Espero que estas reflexiones que han quedado luego de un tiempo frente al televisor viendo el fútbol y los diálogos sostenidos todas las noches con Castel y el Mono Correa en la emisora de El Minuto de Dios 1370 en Fútbol, Padrenuestros y Goles, hayan servido para compartir con ustedes algo que les ayude a plantearse preguntas para su vida. GC
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Esto lo digo pensando en las selecciones africanas, que han hecho todo el esfuerzo por parecerse al fútbol europeo y terminaron perdiendo aquello que los caracteriza y debería hacerlos fuertes. Los que nos sentimos negros, sabemos que lo característico es la ‘pimienta’ con la que vivimos, el sabor que se le pone a cada situación y la inspiración siempre dispuesta a la repentización que se tiene.
Sin embargo, desde hace algún tiempo, con la llegada de técnicos europeos, se está haciendo lo posible para que los africanos terminen jugando “a la europea”, exigiéndole -a su desarrollo futbolístico- habilidades y características de juego que no tienen y que les va a costar tener. El resultado: casi todas sus selecciones eliminadas en primera ronda –sólo se mantiene la de Gahna, que, precisamente, es la que más respeta sus raíces-.
Eso pasa en la vida, pues son muchos los que quieren parecerse a otros y entonces tratan de “imitar” características de vida que no pueden tener y acaban sufriendo y haciendo sufrir a todos los que están su alrededor; porque la amargura y la tristeza se apoderan de sus días. Se terminan dilapidando una gran cantidad de capacidades, de cualidades y siendo mediocres en la asunción de otras que no forman parte de su ‘sí-mismo’.
El otro caso -totalmente opuesto- es el de Paraguay. Este equipo está diseñado desde lo que son y lo que tienen sus jugadores. Si nos damos cuenta no sueña jugar, ni como Chile, ni como Brasil, ni mucho menos como Argentina.
Tienen un estilo que los caracteriza. Y que está respaldado por su fenotipo. Son organizados, no en función de lo que ‘otros’ hacen, sino que desde sus cualidades. Así elaboran un plan de juego interesante. Sus delanteros presionan en la salida de la defensa contraria, juegan largo y frontal, levantan la pelota en el área buscando siempre el cabezazo y juegan al contragolpe. Eso los ha caracterizado siempre y es así desde donde quieren hacer realidad su éxito.
Creo que esa es la lección más grande para nosotros: tenemos que proyectar nuestros objetivos y sueños conociendo nuestra realidad y sabiendo hasta dónde podemos llegar. Se trata de querer parecerse a uno mismo, eso sí, el mejor sí-mismo posible.
Para que no estemos imitando a nadie, ni gastando recursos en lo que es suntuoso. Si aprendemos a vivir así, no sólo tendremos más posibilidades de éxito; sino que, además, nos hará vivir felices, porque nada nos hace más feliz que ser lo que realmente somos.
Lástima que muchos estén tratando de ser iguales a otros y gasten su tiempo envidiando o sufriendo por lo que aquellos hacen. Hoy debemos aprender a gozarnos nuestras capacidades y a tratar de mejorar frente a ellas.
Sabiendo que les debemos dedicar más tiempo. John Max Well dice que para triunfar debemos dedicar el tiempo a nuestras características de la siguiente manera: 75% del tiempo a nuestras cualidades, 20 % a características nuevas que debiéramos trabajar y aprender… y sólo un 5% a nuestras debilidades. Estoy seguro de que, a más de uno, ésta distribución le cuesta aceptarla; porque regularmente estamos más atento a las debilidades y carencias, que a las capacidades o potencialidades.
Espero que estas reflexiones que han quedado luego de un tiempo frente al televisor viendo el fútbol y los diálogos sostenidos todas las noches con Castel y el Mono Correa en la emisora de El Minuto de Dios 1370 en Fútbol, Padrenuestros y Goles, hayan servido para compartir con ustedes algo que les ayude a plantearse preguntas para su vida. GC
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sábado, 12 de junio de 2010
Piensa bien, vive bien
La manera de pensar influye mucho en el actuar. Casi podría decirte: dime cómo piensas y te diré cómo actúas. Por eso, es bien importante que cada uno de nosotros se dé cuenta de cuál es la calidad de sus pensamientos. Estoy seguro de que se puede elegir la manera de pensar. Cada uno puede elegir una mentalidad de perdedor o de ganador.
Alguien que tiene un modo de pensar centrado en lo malo que hay en su vida y en la de los demás, que es pesimista, que desconfía de sí mismo y de los otros con los que entra en relación, que vive pensando en sus incapacidades y en las actuaciones del ayer en el que falló, ese muy probablemente perderá todas las batallas en las que participe y si es deportista, es muy seguro que, antes de que salga del camerino, ya estará derrotado.
Esa es una mentalidad perdedora, que está centrada en las incapacidades, en los defectos y en las experiencias de fracaso del pasado. Si nos relacionamos desde esta mentalidad seguro que nuestras relaciones van a ser conflictivas y a generar muchos problemas. Imagino las relaciones de pareja de alguien con mentalidad perdedora: sin duda estarán llenas de dolor, tristeza, fracasos y se parecerá mucho al infierno que tantas veces nos han descrito los literatos.
Por ello, creo que es importante elegir una mentalidad de ganador. Esto es, tener unos pensamientos “positivos” que nos impulsen a vivir de una manera constructiva. Cuando estamos llenos de pensamientos ganadores, somos empujados a la apertura del corazón y a descubrir todo lo “bueno” que la vida en los otros sujetos y en su desarrollo mismo trae. En una relación de pareja es fundamental que se tenga una mentalidad ganadora, una mentalidad positiva, porque eso hará que tanto la manera de ver, como la de relacionarse con el conyugue, esté planteada desde el amor, desde lo bueno que tiene para mí y no desde sus errores e incapacidades.
Te propongo algunas reflexiones sobre el cómo lograr una mentalidad ganadora, cómo alcanzar una transformación de tus pensamientos y que en vez de estar siendo impulsado por lo negativo puedas sentirte animado a ver lo “bueno” de la vida.
1. Hacer conciencia de que tengo una mentalidad negativa y está impactando de manera muy destructiva a mi ambiente. Sin esa conciencia no hay nada que hacer. Si eres terco y te mantienes en que esa manera de pensar es la correcta y sin capaz de sospechar sobre ella y darte cuenta de qué calidad son tus pensamientos, muy seguramente vas a sufrir una y otra vez.
2. Ser capaz de ver una y otra vez las cualidades que tienes y que tienen las personas que están a tu alrededor. Tienes que enfocarte en esas cualidades y capacidades para que desde ellas construyas la vida. No dejes que el pesimismo o el negativismo se apoderen de tu mente. Necesitamos elogiar a las personas con las que vivimos y evitar la constante crítica, pues nadie responde a buen elogio con rabia u odio.
3. Trata de mantener siempre frescos en tu mente los logros que has tenido. Es muy importante que tus experiencias actuales estén matizadas por esas experiencias positivas que la historia te ha permitido tener. Es fundamental beber aguas de triunfo y no quedarte soportando la hiel de los fracasos.
4. Disfruta la belleza del paisaje, la calidez de una buena melodía, la compañía de un buen libro, la caricia del mar o del agua en la que te bañas. Trata de conectar tu espíritu con valores trascendentales como la belleza, la armonía, la bondad. Te aseguro que eso te dispondrá a vivir de una manera distinta.
5. Una buena experiencia espiritual. Una centrada en el amor, que no genere miedos ante la diferencia y que no te esté acusando con el dedo índice siempre. Una que te ayude a aceptarte, valorarte y amarte tal cual eres y que te haga respetar al otro, aunque sea distinto y piense diferente, de una manera sana. Una que te haga ver con libertad a la gente, porque el pecado no está afuera sino dentro.
Estoy seguro de que puedes tener una mentalidad ganadora. Una mentalidad de alguien que es capaz de disfrutar la vida y hacérsela disfrutar a los que están al lado. Uno que puede sonreír a carcajadas porque comprende que todo es pasajero. Si logras pensar como ganador, actuarás como un ganador y levantarás las manos en victoria siempre.
PD. Comienza el mundial. Ya Argentina ganó su primer partido haré fuerza por todos los latinamericanos menos por Brasil, espero que salga eliminado en la primera ronda. Por ahora me preparo con los de mi barra para sentarnos con el mate a ver a la albiceleste, aguante Alex, aguante Hollman.
Alguien que tiene un modo de pensar centrado en lo malo que hay en su vida y en la de los demás, que es pesimista, que desconfía de sí mismo y de los otros con los que entra en relación, que vive pensando en sus incapacidades y en las actuaciones del ayer en el que falló, ese muy probablemente perderá todas las batallas en las que participe y si es deportista, es muy seguro que, antes de que salga del camerino, ya estará derrotado.
Esa es una mentalidad perdedora, que está centrada en las incapacidades, en los defectos y en las experiencias de fracaso del pasado. Si nos relacionamos desde esta mentalidad seguro que nuestras relaciones van a ser conflictivas y a generar muchos problemas. Imagino las relaciones de pareja de alguien con mentalidad perdedora: sin duda estarán llenas de dolor, tristeza, fracasos y se parecerá mucho al infierno que tantas veces nos han descrito los literatos.
Por ello, creo que es importante elegir una mentalidad de ganador. Esto es, tener unos pensamientos “positivos” que nos impulsen a vivir de una manera constructiva. Cuando estamos llenos de pensamientos ganadores, somos empujados a la apertura del corazón y a descubrir todo lo “bueno” que la vida en los otros sujetos y en su desarrollo mismo trae. En una relación de pareja es fundamental que se tenga una mentalidad ganadora, una mentalidad positiva, porque eso hará que tanto la manera de ver, como la de relacionarse con el conyugue, esté planteada desde el amor, desde lo bueno que tiene para mí y no desde sus errores e incapacidades.
Te propongo algunas reflexiones sobre el cómo lograr una mentalidad ganadora, cómo alcanzar una transformación de tus pensamientos y que en vez de estar siendo impulsado por lo negativo puedas sentirte animado a ver lo “bueno” de la vida.
1. Hacer conciencia de que tengo una mentalidad negativa y está impactando de manera muy destructiva a mi ambiente. Sin esa conciencia no hay nada que hacer. Si eres terco y te mantienes en que esa manera de pensar es la correcta y sin capaz de sospechar sobre ella y darte cuenta de qué calidad son tus pensamientos, muy seguramente vas a sufrir una y otra vez.
2. Ser capaz de ver una y otra vez las cualidades que tienes y que tienen las personas que están a tu alrededor. Tienes que enfocarte en esas cualidades y capacidades para que desde ellas construyas la vida. No dejes que el pesimismo o el negativismo se apoderen de tu mente. Necesitamos elogiar a las personas con las que vivimos y evitar la constante crítica, pues nadie responde a buen elogio con rabia u odio.
3. Trata de mantener siempre frescos en tu mente los logros que has tenido. Es muy importante que tus experiencias actuales estén matizadas por esas experiencias positivas que la historia te ha permitido tener. Es fundamental beber aguas de triunfo y no quedarte soportando la hiel de los fracasos.
4. Disfruta la belleza del paisaje, la calidez de una buena melodía, la compañía de un buen libro, la caricia del mar o del agua en la que te bañas. Trata de conectar tu espíritu con valores trascendentales como la belleza, la armonía, la bondad. Te aseguro que eso te dispondrá a vivir de una manera distinta.
5. Una buena experiencia espiritual. Una centrada en el amor, que no genere miedos ante la diferencia y que no te esté acusando con el dedo índice siempre. Una que te ayude a aceptarte, valorarte y amarte tal cual eres y que te haga respetar al otro, aunque sea distinto y piense diferente, de una manera sana. Una que te haga ver con libertad a la gente, porque el pecado no está afuera sino dentro.
Estoy seguro de que puedes tener una mentalidad ganadora. Una mentalidad de alguien que es capaz de disfrutar la vida y hacérsela disfrutar a los que están al lado. Uno que puede sonreír a carcajadas porque comprende que todo es pasajero. Si logras pensar como ganador, actuarás como un ganador y levantarás las manos en victoria siempre.
PD. Comienza el mundial. Ya Argentina ganó su primer partido haré fuerza por todos los latinamericanos menos por Brasil, espero que salga eliminado en la primera ronda. Por ahora me preparo con los de mi barra para sentarnos con el mate a ver a la albiceleste, aguante Alex, aguante Hollman.
sábado, 24 de abril de 2010
VIVIENDO EL PERDON
Mucha gente me pregunta ¿cómo perdonar? Todos queremos saberlo hacer para vivir libres de toda culpa. Hoy quisiera comenzar la aventura del mes de Octubre proponiéndoles unos elementos sencillos para tener en cuenta en ese proceso de aprender a perdonar:
1. Toma conciencia de que todos necesitamos ser perdonados. Saber que no existe nadie perfecto entre nosotros que nunca ha fallado, nos lleva a ser más proclives al perdón. Así como en más de una ocasión tú has fallado otros lo pueden hacer, y así cómo tu has pedido y has necesitado que te perdonen otros hoy lo están pidiendo y necesitando.
2. Relativiza la situación. No puedes magnificar cada situación y dejar que el dolor te obnubile y te haga creer que ese acontecimiento lo es todo. Muchas veces son más las percepciones que tenemos de la situación que lo que objetivamente pasó. Ubicar cada situación en su tiempo, en su lugar y en nuestro proyecto de vida nos ayudará a abrirnos a vivir una experiencia de perdón.
3. Trata de comprender al que te dañó u ofendió. Estoy seguro que cada persona actúa lo más lógico y racional posible según la información y las posibilidades que tiene en ese momento. Me cuesta creer que la gente es mala por ser mala y punto. Estoy seguro que lo más probable es que si nosotros tuviéramos esas características.
4. Recuerda que quien primero se beneficia de vivir el perdón eres tú mismo. Que al perdonar quedas libres de sentimientos interiores que te dañan y te hacen infeliz. Recuerda la frase que hemos repetido una y otra vez: El resentimiento es el veneno que se toma uno para se muera el otro.
5. Pide a Dios todos los días que actúe en ti para que puedas vivir la misericordia constante con tus hermanos.
Sé que no es una fórmula mágica pero sé que nos ayuda mucho a iniciar ese proceso de perdón. Te invito a reflexionarlo y hacerlo realidad en tu vida. Compártelo con tus amigos y traten de enriquecer estas claves de vida. De hecho si en el compartir encuentras nuevas ideas compártelas conmigo en palbertojose@hotmail.com estaré atento a leerte.
Gracias por estar leyendo ese blog, para mi es muy importante sus comentarios porque me ayudan a ir retroalimentándome. Espero que se hagan fans de nuestra página. Animo. Se feliz.
1. Toma conciencia de que todos necesitamos ser perdonados. Saber que no existe nadie perfecto entre nosotros que nunca ha fallado, nos lleva a ser más proclives al perdón. Así como en más de una ocasión tú has fallado otros lo pueden hacer, y así cómo tu has pedido y has necesitado que te perdonen otros hoy lo están pidiendo y necesitando.
2. Relativiza la situación. No puedes magnificar cada situación y dejar que el dolor te obnubile y te haga creer que ese acontecimiento lo es todo. Muchas veces son más las percepciones que tenemos de la situación que lo que objetivamente pasó. Ubicar cada situación en su tiempo, en su lugar y en nuestro proyecto de vida nos ayudará a abrirnos a vivir una experiencia de perdón.
3. Trata de comprender al que te dañó u ofendió. Estoy seguro que cada persona actúa lo más lógico y racional posible según la información y las posibilidades que tiene en ese momento. Me cuesta creer que la gente es mala por ser mala y punto. Estoy seguro que lo más probable es que si nosotros tuviéramos esas características.
4. Recuerda que quien primero se beneficia de vivir el perdón eres tú mismo. Que al perdonar quedas libres de sentimientos interiores que te dañan y te hacen infeliz. Recuerda la frase que hemos repetido una y otra vez: El resentimiento es el veneno que se toma uno para se muera el otro.
5. Pide a Dios todos los días que actúe en ti para que puedas vivir la misericordia constante con tus hermanos.
Sé que no es una fórmula mágica pero sé que nos ayuda mucho a iniciar ese proceso de perdón. Te invito a reflexionarlo y hacerlo realidad en tu vida. Compártelo con tus amigos y traten de enriquecer estas claves de vida. De hecho si en el compartir encuentras nuevas ideas compártelas conmigo en palbertojose@hotmail.com estaré atento a leerte.
Gracias por estar leyendo ese blog, para mi es muy importante sus comentarios porque me ayudan a ir retroalimentándome. Espero que se hagan fans de nuestra página. Animo. Se feliz.
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